Las autoridades marroquíes se alegraron ayer públicamente de la decisión del presidente de EE UU, George W. Bush, de convertir a su país en un aliado preferente, pero hicieron hincapié en que la medida había sido tomada para mostrar su aprecio por las reformas emprendidas por Mohamed VI y omitieron señalar que se debía, ante todo, a la ayuda brindada a Washington en la lucha contra el terrorismo. El ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, tachó la iniciativa de "buena noticia".
Bush nombró a Marruecos, el jueves pasado, aliado privilegiado no miembro de la OTAN, según anunció un comunicado de la Casa Blanca. Un portavoz presidencial explicó a continuación que la decisión había sido tomada "en reconocimiento de los lazos estrechos que unen a ambos países, como aprecio al apoyo inquebrantable de Marruecos en la guerra contra el terrorismo y también al papel del rey Mohamed VI, dirigente visionario del mundo árabe".
La inclusión de Marruecos en esta lista de países, en la que figuran cuatro árabes (Egipto, Jordania, Bahrein y Kuwait) y otros ocho Estados, levanta casi todas las restricciones a las ventas de armas de EE UU al reino alauí. Permitirá, además, a Rabat asociarse a algunos programas de investigación militar a condición de contar con científicos formados.
La iniciativa de Bush "es un testimonio del lugar que ocupa Marruecos, de su papel estratégico en la región y una prueba de la consideración hacia las reformas políticas, económicas y sociales desarrolladas por el rey Mohamed VI", declaró el portavoz del Gobierno marroquí, Nabil Benadballah.
En el mismo sentido se expresó el jefe de la diplomacia marroquí, Mohamed Benaissa, quien interpretó la decisión como un gesto de "consideración y de estima" de EE UU hacia Mohamed VI y sus reformas. Su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos, se sumó ayer desde Lucena (Córdoba) al coro de los que se alegraban del anuncio. Es, recalcó, "una buena noticia".
Rabat ha echado el resto para demostrar a Washington que es un aliado valioso en la lucha contra el terrorismo. Le inspira tanta confianza que, según reveló el diario The Washington Post el año pasado, trasladó a varios islamistas presos en Guantánamo hasta Temara, el cuartel de los servicios secretos marroquíes, para que les interrogaran, con métodos más contundentes que los empleados en la base de EE UU, antes de devolverlos. Otros prisioneros fueron enviados temporalmente desde Guantánamo a Jordania y Egipto.
Más ilustrativo del acercamiento entre Washington y Rabat es, según fuentes diplomáticas, el acuerdo de libre comercio entre ambos países, concluido en abril pasado y que está previsto firmar el 11 de junio en Washington.
El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ha elogiado varias veces en público la orientación dada a Marruecos por Mohamed VI, aunque durante la última audiencia que le concedió, en diciembre en Marraquech, le sugirió que mejorara la situación de los derechos humanos y le pidió que excarcelase al periodista Alí Lmrabet. El informe anual del Departamento de Estado es, en ese capítulo, crítico con Marruecos.
Pese a estas deferencias, Marruecos no figura entre los países musulmanes a los que Bush ha invitado a sumarse al G-8, la cumbre de los países más industrializados que se celebrará en Sea Island. Su vecino, Argelia, sí ha sido, en cambio, invitado. EE UU ha estrechado también lazos con Argelia, a la que ha levantado parte de las restricciones de venta de armas y con la que colabora en la lucha contra Al Qaeda en los países del Sahel.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004