En la mesa de trabajo de su nuevo despacho, en el barrio de Salamanca, tiene los periódicos del día y un montón de ejemplares de su libro y otro montón del escrito por su marido, el ex presidente José María Aznar, "Él está vendiendo más que yo. La primera semana, Jose vendió 100.000; yo llevo unos 63.000", dice. Aparta los libros, los coloca en el suelo y se sienta ante la grabadora con una copa de agua, un café con leche y un cigarillo. Al día siguiente de la entrevista fue abuela por primera vez.
Pregunta. Hace ahora un año que comenzó a trabajar como concejal del Ayuntamiento.
Respuesta. Ha sido un año muy peculiar para mí, no sólo por mi irrupción en la política. Han sucedido otras muchas cosas que han cambiado mi vida en los últimos meses. Hace un año comenzó todo... Entonces yo vivía en Moncloa, no habían pasado las últimas elecciones...
"La prostitución es una forma de violencia contra la mujer. Muchos hombres, si supieran la situación de esas mujeres, desistirían"
"Ahora todo es muy distinto. Yo me voy de casa antes que José y él hace cosas que antes no hacía, como colocar sus libros. Me hace gracia"
P. ¿La política municipal es lo que esperaba?
R. Considero que esta política es la más cercana al ciudadano, la que tiene un resultado más inmediato. Por otro lado, no había estado en política, pero de alguna manera la había seguido. Al ser funcionaria, las administraciones no me son ajenas. La administración municipal tiene unas características distintas, y la autonómica la conozco porque mi marido fue presidente de una comunidad.
P. Hay quien vio en su decisión de entrar en política un gesto frívolo.
R Pudo haber gente que lo pensara, pero yo siempre había trabajado hasta que llegué a Moncloa. No me considero una persona frívola. Fue una decisión pensada.
P. De alguna manera, los libros que usted y su marido han publicado y otros de distintos autores la mencionan como parte activa de ocho años en Moncloa.
R. He conocido de cerca muchas situaciones. He aprendido mucho. He procurado aprovechar lo bueno y lo malo de estos años. Fue muy enriquecedor.
P. El 11-M debió de ser el momento más duro de todos esos años.
R. Los momentos más duros han ido unidos a los atentados terroristas. Los mejores han sido cuando se ha impedido que muriera mucha gente por la intervención de los cuerpos de seguridad del Estado.
P. El 11-M usted era concejal del Ayuntamiento y la esposa del presidente.
R. Ese día lo único que pensé fue en mi trabajo de concejal, en cómo poder ayudar desde el Ayuntamiento. Creo que todo funcionó. Se demostró que Madrid es una ciudad solidaria.
P. ¿En qué ha trabajado este año?
R. En el tema de los mayores se ha hecho bastante. Cuando llegamos había unas 14.000 asistencias. Ahora mismo hay más de 30.000 y de aquí a final de año pensamos alcanzar las 50.000. En la ayuda a domicilio se ha doblado la financiación. También ha crecido el número medio de horas de asistencia a domicilio. Se han aumentado las plazas de centros de día. Y dentro de unos días vamos a presentar un mapa de los centros de día que construiremos los próximos tres años; será un plan en el que la iniciativa privada va a concurrir para acceder a la gestión de estos centros. Vamos a hacer un plan de inmigración antes de este verano, que se está elaborando con catedráticos de universidad que conocen el tema. Madrid tiene un 13% de inmigración, aunque hay distritos, como Tetuán, en los que el porcentaje se eleva hasta el 19%. Se ha demostrado en otros sitios del mundo, donde la inmigración ha llegado antes que aquí, como en Francia y Alemania, que no basta con que se conviva en los centros de trabajo, en los colegios.
P. ¿Qué propone?
R. Nada de lo que existe hasta ahora en los países en los que hay una gran inmigración se puede decir que haya funcionado, así que vamos a intentar otras cosas nuevas. Una es que esta convivencia se produzca fuera de estos centros, por ejemplo, que se comparta el ocio. Ya está firmado un plan con la Federación de Asociaciones de Vecinos para formar mediadores vecinales, que tratarán de solucionar los conflictos de convivencia en el escalón más bajo, que es el barrio.
P. Parece que en algunas cuestiones, como el uso del velo, los mediadores pueden ser decisivos.
R. Cuando una persona se integra en una sociedad de acogida tiene derechos y también deberes con esa sociedad. El velo implica una serie de condicionantes que tienen que ver con la igualdad entre hombres y mujeres. No se debe permitir el velo en las escuelas porque supone aceptar la falta de igualdad. Si lo lleváramos al absurdo sería decir: hagamos la ablación porque, como es para ellos algo cultural... Admitir el velo sería como admitir la ablación.
P. La viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid [Carmen González] ha dicho que los inmigrantes tienen derecho a la ignorancia.
R. Sinceramente creo que ella no quiso decir eso exactamente. La educación tiene que llegar al mayor número de gente posible.
P. ¿Es partidaria de legalizar la prostitución?
R. No estoy a favor de la legalización de la prostitución. Todos los estudios indican que el 80% de estas mujeres no están en una situación de igualdad, que se prostituyen porque son víctimas de las mafias. Son mujeres explotadas, no libres. En Montera, por ejemplo, se ha descubierto que además de proxenetas había mujeres muy jóvenes, en algunos casos casi niñas, a las que la estructura familiar les obligaba a prostituirse. Ésta es una forma clara de violencia contra la mujer.
P. ¿Deben de tener Seguridad Social?
R. Como prostitutas, no. No se puede legalizar una actuación que tiene detrás una figura delictiva como es un proxeneta.
P. ¿Es partidaria de castigar al cliente?
R. Estoy segura de que muchos hombres, si supieran la situación que están pasando esas mujeres, desistirían.
P. ¿Y lo es de la píldora del día después?
R. La píldora ya se estaba dando en centros de salud del Ayuntamiento. Ahora lo que se ha hecho ha sido regular la situación. Para ello se ha conectado la información de todos los centros y así, a las chicas a las que se les da la píldora, se sabe si la toman de manera habitual, lo cual no es bueno, o si por el contrario la utilizan en situaciones muy especiales.
P. La gente joven se queja de que es todavía difícil acceder a ella.
R. No lo sé. No sé cómo funciona.
P. ¿Cómo se vive fuera de La Moncloa?
R. Muy bien. He estado muy bien allí, pero la normalidad me gusta. Ahora he recuperado la compra, el carrito..., aunque en eso tuve que pedir ayuda a los escoltas. El primer día no me acordaba de cómo se metía la moneda.
P. ¿Y tener un parado de lujo en casa?
R. Sí. Ahora es todo muy distinto. Yo me voy de casa antes que Jose, y él hace cosas que antes no hacía, como colocar sus libros. Es una situación muy distinta que me hace gracia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004