Conozco a David desde hace ya 20 años, hemos estado juntos muchas veces, bien en Nueva York, en su casa de la calle 65, una vez en su casa de campo Hudson Pines, en Tarritown, sobre el río Hudson, así como en Madrid y en otras ciudades, y le tengo un especial cariño y admiración, por lo que es difícil que sea totalmente imparcial cuando reseño sus memorias. Su libro no sólo es un repaso histórico de su vida, sino también de la de su abuelo, el primer John y el hombre más rico de América; de su padre, el segundo John, y de sus hermanos, es decir, de toda la dinastía Rockefeller.
David tiene mucho que contar, a sus 88 años, ya que ha sido un personaje importante, pero también inusual en la historia reciente de EE UU. Un internacionalista que ha recorrido prácticamente todos los países del mundo en un país dominado por el aislacionismo. Un republicano moderado al que le han ofrecido sucesivamente la Secretaría del Tesoro tanto Nixon como Carter, sin que él la aceptase en ambos casos. Un amante del arte moderno y contemporáneo en un entorno entonces dominado por el clasicismo. Un enamorado de su ciudad donde no sólo ha ayudado a resolver sus graves problemas financieros, sino también ha contribuido decisivamente al desarrollo del Rockefeller Center, del Museo de Arte Moderno, de la Universidad Rockefeller y del World Trade Center Un filántropo que ha ayudado al desarrollo de la medicina, al de los países pobres y a muchas otras causas justas. Un banquero comercial moderno que tenía una visión global del negocio cuando dominaba sólo el mercado local o nacional y, finalmente, un esforzado defensor de Latinoamérica, tanto al frente del Council For Foreign Relations, como creando y presidiendo el America's Council y la America's Society.
David Rockefeller. Memorias
David Rockefeller
Editorial Planeta
ISBN 84-08-05128-8
Entró a trabajar en el Chase, en 1946, con el rango directivo más bajo y con un sueldo anual de 3.500 dólares y llegó a ser presidente ejecutivo en 1969 hasta que se retiró en 1981. Al frente del para entonces Chase Manhattan Bank, modernizó su funcionamiento y su estructura de gobierno y desarrolló su presencia internacional siguiendo a las multinacionales americanas en Europa, América Latina, en Medio Oriente y África, e incluso lo posicionó en la Unión Soviética y en China como corresponsal de sus bancos centrales. Al frente del banco tuvo también momentos amargos y difíciles, como la quiebra del Hersttat tras el primer choque petrolífero de 1974, el fraude contable de su jefe del departamento de bonos y el colapso del mercado inmobiliario. Pero considera que las finanzas representaron la mejor experiencia de su vida.
Su salida del Chase fue sólo parcial ya que continuó presidiendo su Comité Asesor Internacional. Fue entonces cuando se dedicó con mayor dedicación a la actividad filantrópica de la Fundación Rockefeller y a ser una especie de embajador volante, a título privado, de su país, como presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y de la Sociedad para las Américas, en situaciones complicadas, como las relaciones con Fidel Castro, con Deng Xiaoping y Jian Zemin, con Bréznev y Gorbachov, con Arafat en el conflicto con Israel o con De la Madrid en los comienzos del Nafta. Asimismo, ha continuado siendo un miembro destacado de las reuniones de Bildeberg y de la Trilateral.
La única crítica que tengo de sus memorias es cuando, a pesar de su condición de doctorado en economía, intenta explicar, en defensa de su abuelo, el fundador y dueño de la Standard Oil, que aunque de hecho era un monopolio, sin embargo, mientras aumentaba crecientemente su cuota de mercado, los precios al por menor de sus productos petrolíferos disminuían espectacularmente. Su abuelo creía en la buena práctica de que, como su demanda era inelástica, había que hacer un volumen de negocio cada vez mayor pero con un beneficio cada vez más pequeño por unidad. Dado que David era su nieto favorito es comprensible que dé esta explicación. El Tribunal Supremo de EE UU no lo entendió así cuando decidió la disolución de dicha compañía en 1911, dando lugar a múltiples compañías de las que aún destacan Exxon Mobil, Chevron o Amoco.
Guillermo de la Dehesa es presidente del Consejo Rector del Instituto de Empresa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004