Por más que pasen los años y evolucionen las generaciones hay conflictos que sigo sin entender. Día tras día, mes tras mes y año tras año, veo en televisión y leo las cartas del lector y las columnas de opinión en los diarios sobre el conflicto palestino-israelí. En referencia a este último medio de comunicación, la prensa, me invade una sensación de frustración. Unos imploran que somos un país antisemita, otros que pertenecemos a Occidente y por tanto de forma automática despreciamos todo lo que procede del mundo islámico. Yo, la verdad, siento la frustración de ver cómo personas adultas se encierran en su verdad absoluta y no ponen medios para un diálogo auténtico que nos lleve al fin de todo este conflicto.
No puedo entender un país que con su reciente pasado sigue respondiendo de la manera que lo hace y no me vale la excusa de defensa propia, eso lo dejo para los niños y su frase de : "Tú fuiste primero". Tampoco puedo digerir que un fanatismo religioso conduzca a actos de inmolación.
Entiendo los miedos de ambas partes, entiendo incluso el rencor por todo lo que llevamos con este conflicto, me atrevería a decir histórico; entiendo la sensación extrema de la persona que no tiene nada y que no puede ir a peor. Aun con todo ello, por favor, diálogo, entendimiento, racionalidad y sobre todo consciencia de que nadie tiene la verdad absoluta. ¡Paz, por favor!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004