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Crítica:CRÍTICAS

Pedagogía plomiza

Allá por los años sesenta, algunos documentales con marchamo turístico pusieron de moda diferentes aspectos del territorio hispano, al tiempo que sirvieron de eficaz campaña de promoción turística de aquel ministerio que encabezaba, lo que son las mordacidades de la historia, ese mismo Manuel Fraga Iribarne que ahora, al frente de la Xunta de Galicia, financia un documental como El camino de Santiago. El origen. Todavía recuerda el cronista un filme, Así es Galicia, de Santos Núñez, tal vez sobre textos de Carlos Martínez Barbeito, que no ocultaba lo que se proponía: contar Galicia no como una realidad histórica concreta, sino como un relato de morriña y bellezas naturales, de buenas gentes y placeres simples a salvo de las tensiones de la época, unas intenciones que, la verdad, no están muy lejos de las aspiraciones de este camino santiaguero.

EL CAMINO DE SANTIAGO. EL ORIGEN

Dirección: Jorge Algora. Intérpretes: Fernando Sánchez Dragó y Vicente Méndez. Género: documental histórico. España, 2004. Duración: 64 minutos.

Aunque, claro está, han pasado muchos años, y debe forzosamente notarse en algunas cosas. Por ejemplo, en la imbricación, tan forzada como absurda, entre una trama de ficción no ya mínima, sino simplemente decorativa, y una férrea estructura de documental con voz en off y personaje narrador que tiene los rasgos de Fernando Sánchez Dragó, que se da un auténtico atracón de cámara con su verbo, tan hiperbólico él, tan libresco. Por ejemplo, con una interpretación histórica un poco más rigurosa, que mezcla el camino cristiano con anteriores lugares de cultos esotéricos. Por ejemplo, en fin, una factura técnica mucho más correcta, en la que destaca por méritos propios una fotografía (cortesía de Suso Bello) que confiere al filme gran parte de sus, por otra parte, limitados encantos.

Anécdotas

Tiene El camino de Santiago. El origen una decidida voluntad pedagógica, salpicada de personajes y anécdotas, de Prisciliano al papel de la orden del Temple; de la historia del apóstol hasta la de la búsqueda del grial y su relación con O Cebreiro. Pero le hacen un flaco favor esos personajes tan patéticos como prescindibles, esos tres templarios que aparecen y desaparecen sin que hagan más que llenar los minutos que se requieren para que el asunto asuma su condición de documental de largometraje, ese sir Galahad de guardarropía, ese peregrino francés que pretende resumir en su vagabundear a todos los peregrinos de todos los tiempos.

Es una película tan fallida como oportunista, que es como decir que jamás la veríamos si no hubiera de por medio un año jacobeo en marcha... Flaco favor para tantos documentales interesantes que sólo encuentran el favor de la televisión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de junio de 2004