Desde los tiempos en que vendían más discos que Ella Baila Sola y Azúcar Moreno juntos, los monjes de Silos tienen una película pendiente. Como personajes protagonistas, vamos. Por eso, el inicio de la cinta alemana Vaya con Dios (cuyo título original también es así, en español), con un puñado de hermanos del Señor dedicados en cuerpo y alma al noble arte del gregoriano, hace creer que por fin alguien ha caído en la cuenta de que aquí había un buen tema. Sin embargo, el debutante Zoltan Spirandelli apunta pero no remata, a pesar del buen trabajo de Daniel Brühl, actor de moda en Europa tras interpretar al hijo en Good bye, Lenin!, circunstancia que sin duda ha permitido que un filme menor como éste de los religiosos cantorianos (desconocida orden basada en la glorificación a través del canto) se estrene en los cines españoles.
VAYA CON DIOS
Dirección: Zoltan Spirandelli. Intérpretes: Daniel Brühl, Chiara Schoras, Mathias Brenner. Género: comedia romántica. Alemania, 2003. Duración: 106 minutos.
Vaya con Dios tiene la irregularidad por tonsura. Hay momentos con cierta gracia y delicadeza, como el tierno reencuentro de uno de los frailes con su anciana madre después de décadas, o la continua búsqueda por parte de los cantores del lugar más adecuado para ejercitar su pasión en su nuevo hábitat, alejado del monasterio y a merced de una modernidad que siempre les supera. No obstante, junto a estos instantes de placer, también hay tramas desaprovechadas (la relación de amor y sexo entre una periodista y el más joven de los religiosos) y secuencias que bordean el ridículo más absoluto (las persecuciones automovilísticas y el enredo con el libro de canciones).
Así, Spirandelli pierde en demasiadas ocasiones el tono, que nunca se sabe cuál es, pasando con desigual fortuna del romance al barullo desenfrenado del estilo de Los visitantes (Jean-Marie Poiré, 1993), de las nada sutiles críticas a la Iglesia católica y a los jesuitas, con sus tejemanejes bancarios y de poder, a la comedia de color blanco impoluto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de junio de 2004