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OPINIÓN DEL LECTOR

Perdón

Llevo seis años en la enseñanza. Me encanta mi profesión. Me encantaba. Seis años he tardado en aprender, como decía Emilio Garoz en su carta titulada Perdón, que "los institutos no son lugares donde se va a aprender, sino guarderías, y que mi función no consiste en enseñar, sino en cuidar". Siento una profunda desilusión y un enorme desencanto. Pero no quiero caer en una depresión ni complicarme la vida, ya que, a no ser que me toque la lotería, me quedan muchos años de docente, es decir, de vigilante "sin jurado" al paso que vamos.

Si lo no reclamable es un aprobado, de la calidad que sea, ¿qué necesidad tengo de complicarme la vida? Si dando el aprobado nadie te reclama nada, no te revisan los exámenes, las programaciones, los niños están contentos y sus padres también, ¿para que voy a complicarlo todo y a complicarme? Es fácil fingir que todo va bien. Me surge una duda: ¿me reclamarían también por poner sobresaliente a quien no suele pasar del suficiente?

También pido perdón por haber intentado estos años ser una profesora "de las antiguas", que quería que sus alumnos aprendieran, que tuvieran espíritu crítico, madurez, valores, respeto y autenticidad, y que reclamaran aprender.

En un telediario reciente hemos sabido que España está en el furgón de cola en el aprendizaje de idiomas. ¿Qué furgón ocupamos en las demás asignaturas? ¿Hacia dónde va la enseñanza? Yo reclamo que alguien me lo diga, por favor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2004