Por más cuentas que hago, a mí no me sale que Andalucía haya salido reforzada en el congreso del PSOE. Desde el punto de vista cuantitativo, lo parece. Ocho andaluces. Toma, y hasta nueve, si contamos a José Montilla, que es natural de Iznájar, Córdoba. Pero en esa laboriosa alquimia del poder nadie pesa números, sino lo que hay detrás de ellos. Influencias políticas, sectores, geografías, familias... Ah, me dicen que eso ya no se lleva. Perdón, uno es que no está al día. ¿Cuotas? Por favor, qué antigualla. ¿Aquelarres? Qué infundio. Si en la confusión sales pisoteado, mala suerte, hombre. ¿Que te ponen a un par de enemigos personales en el puente de mando? Pura casualidad, de veras, lo sentimos mucho, es que son muy amigos de Zapatero. Ah, bien. Ahora nos vamos aclarando. Afinidades electivas, amistades de escaño, sintonías personales varias. Rigurosamente humano. Pero que no se diga que eso representa orgánicamente a Andalucía.
Lo malo de las cuotas es que, como las brujas gallegas, no existen, pero... joden una barbaridad. Quizás por eso a Sevilla, yo no sé en qué aquelarre o quizás cafetería de barrio, le vienen negando la suya más de la cuenta. La teoría, muy justa, de que Andalucía ha de tener en la ejecutiva federal un papel importante, en proporción a lo mucho que aporta a los sucesivos éxitos de Zapatero, ya no vale cuando se cambia de escala. De Despeñaperros para abajo, ya no cuenta que Sevilla sea la locomotora política del mismo partido, capaz de obtener hasta un 59% de los votos el 13-J, en plena crisis abstencionista. Aquí, mire usted, todos somos iguales, porque todos somos andaluces. ¿Provincias? ¿Qué será eso?
Si el PSOE de Sevilla hubiera exigido lo que le corresponde en los órganos internos, hasta tres provincias se quedarían fuera. Pero eso no lo harán nunca ni Luis Navarrete ni Pepe Caballos. Sin embargo, cada vez se ve más claro un inexplicable propósito de atarlos en corto, desde el regional, como si no fuera la agrupación que más votos proporciona al partido, la más numerosa de Andalucía, la mejor organizada, la que sostiene la única alcaldía de capital... La pregunta, naturalmente, es por qué. Nadie osa contestarla, y mejor no elucubrar. Pero los hechos son inequívocos: patadita a Caballos en la última ejecutiva andaluza; formación del nuevo Gobierno andaluz, salida de dos pesos pesados de Sevilla (más o menos justificados), pero sustituidos por dos pesos ligeros. En cambio, Jaén sale "agraciada" hasta con cuatro consejerías, y con gente de mucha enjundia, más la presidencia del Parlamento, sin que eso se corresponda con realidad alguna, política, social, ni económica. Ah, perdón, otra vez se me olvidaba que las cuotas provinciales no existen.
A lo mejor son tonterías, especulaciones, ganas de liarla. O de provocar una crisis, que hace la misma falta que los perros en misa. A lo mejor es que los socialistas sevillanos son unos engreídos y van por ahí como locos, avanzando criterios políticos de vanguardia, como el voto individual y secreto (Sánchez Monteseirín, 1991), diseñando y afianzando el PER (que salió enterito de la cabeza de Pepe Caballos, 1983), empujando la reforma del Estatuto, adelantando AVES y Metros, para que los demás también los tengan. Pero, en fin, bobadas. Las brujas no existen.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2004