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Entrevista:DIEGO ALARCÓN | Dramaturgo y XVI Premio de Teatro Enrique Llovet | Signos

"Ciertas partes de mi obra están escritas para provocar, por lo menos, inquietud"

Cocinero antes que fraile, Diego Alarcón (Murcia, 1960) comenzó en el mundo del teatro "llevando los cafés". Con 20 años se planteó producir teatro y dirigir, pero ha acabado escribiendo. En 2001, recibió el premio de teatro Margarita Xirgu de Radio Nacional de España con Rembrandt, la vida de un pintor de Leyden y hace apenas una semana recogió en Málaga el XVI Premio de Teatro Enrique Llovet por El cónclave, una obra sobre la primera elección de un Papa mediante un encierro de cardenales. Extrovertido y dispuesto, se somete a una batería de preguntas telefónicas que responde desde Murcia. Fijar la hora no ha sido fácil, una obra le tiene apartado de la vida social.

Pregunta. ¿Esperaba el reconocimiento?

Respuesta. Fue una alegría tremenda, pero esperarlo, esperarlo, francamente no. Es un premio que tiene un elenco de ganadores muy importantes.

P. ¿Por qué encerrar a un grupo de cardenales contra su voluntad?

R. Porque creemos que los cónclaves vienen por inspiración divina y no. Tienen un principio y no fue una decisión excesivamente espontánea. Cuando no había Papa en Roma era algo malo para la Iglesia, porque se quedaban sin peregrinos.

P. ¿Qué hay de histórico en la obra?

R. La sala en la que se reúnen y el trato de los guardias parece que también es histórico (ríe). Parece que no fueron tratados muy bien. Mateo Rosso Orsinni era el senador gobernante en Roma y el hombre tenía cierto interés en que saliera un Papa de su cuerda.

P. ¿Podría ocurrir con el sucesor de Juan Pablo II?

R. De aquellos cónclaves, sólo queda que se nombre por mayoría de dos tercios. Además las condiciones en las que se reúnen ahora son bastante mejores. No creo que le vayan a hacer un hueco a la Capilla Sixtina para que ocurra lo que pasa en esta función. Sería una pena por los cardenales y por la capilla.

P. ¿Cómo comenzó a interesarse por los cónclaves?

R. Estoy trabajando en una época que va desde 1194 a 1250, durante la vida del emperador Federico II de Sicilia. Coincide con la última parte de las luchas entre güelfos, partidarios del poder omnímodo del Papa, y gibelinos, afines al emperador. Cuando llego a la sucesión de Gregorio IX y estudio la elección de Celestino IV, me dije: "¡Caramba, esto es material!".

P. ¿Fue fácil escribirla?

R. Era una obra de teatro tan clara, que estaba prácticamente hecha. Suprimí un par de cardenales, porque me pasaba de personajes, y lo demás ha aparecido por los libros. Tardé tres meses como mucho. No fue pesada, más bien desagradable.

P. ¿Se refiere a las apariciones de ultratumba?

R. Sí, no se sabe con certeza si aquello pasó o no, pero sí es verdad que una de las venganzas favoritas de la época era desenterrar a los muertos ajenos y vengarse de la gente después de muerta. Algo macabro.

P. ¿Entonces la obra debe dar miedo?

R. Ciertas partes están escritas para provocar, por lo menos, inquietud. Aunque hay que tener cuidado con la puesta en escena, porque entre el miedo y el ridículo hay una línea delgadísima.

P. ¿No teme que ciertos detalles escatológicos desagraden al público?

R. Espero que si alguna vez se monta, se haga de forma elegante. Con las luces se pueden hacer muchas cosas, no hace falta ser excesivamente realista (ríe).

P. ¿Para cuándo la representación?

R. La Diputación de Málaga estaba dispuesta a apoyar, pero hay un problema de reparto porque encontrar a ocho actores de más de 60 años, según en que sitios, puede ser difícil.

P. En la obra abundan las citas en latín. ¿Qué tal se le daban las declinaciones?

R. Nada, un cero. Estudié seis años y no pasé del rosa, rosae. Salí adelante con la traducción mendigando unas líneas de amigo en amigo.

P. ¿De qué dramaturgos copia más?

R. De todos. A veces, bien y a veces, mal. Mis modelos son Shakespeare, que a su vez copió a Marlowe y a su vez de Thomas Kyd. También Calderón, Pirandello, Jardiel Poncela....

P. ¿Qué opina de los monólogos?

R. Como género no me parece rechazable. Además todos no tienen por qué ser de temática cómica actual, hay otros tipos. Hace tiempo me plantee escribir uno, pero lo deseché porque lo hacía todo el mundo.

P. ¿Y del teatro radiofónico?

R. Es una pena que la dirección de las cadenas no apueste más por ello.

P. ¿A quién encerraría bajo llave?

R. Cualquier persona que meta en guerra a otra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2004