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Los barrios islámicos se aíslan en Francia

Un informe policial alerta sobre la radicalización creciente entre los inmigrantes

La Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF) ha difundido una "carta a los musulmanes" en la que exhorta a las alumnas de esta religión a presentarse en los colegios con "la vestimenta que hayan elegido [el velo]", y se compromete a apoyarles si tropiezan con centros que "interpreten de forma abusiva" la prohibición de signos religiosos. Tras la difusión del texto se ha conocido un informe policial en el que se recogen signos de "repliegue comunitario" en 300 barrios, anunciadores de un problema de integración cada vez más serio.

La carta de la UOIF no es un llamamiento incendiario, sino una incitación a las familias para que las mujeres no abandonen los estudios, sin renunciar a que pueden vestir "como hayan elegido". En caso de "encarnizamiento", que les deje fuera del sistema educativo, "nosotros estaremos igualmente a su lado para proporcionarles un sostén escolar que les permita continuar con sus estudios, en espera de que vean restablecidos sus derechos", agrega este grupo, considerado próximo a los Hermanos Musulmanes.

Bernard Stasi, ex presidente de la comisión de expertos que aconsejó la ley, cree que se han cometido "errores lamentables", porque de todas las propuestas que hicieron, sólo ha salido adelante la prohibición de signos religiosos. Ni la enseñanza del hecho religioso, ni la formación de imanes a cargo del Estado forman parte de las prioridades de la política francesa, que sólo se ha fijado en el aumento de velos o pañuelos islámicos: un informe policial fijó en 1.256 el número de chicas que usaban esta prenda en el primer trimestre del curso pasado, aunque otras fuentes suponen que la cifra real es varias veces mayor.

Con la vuelta a clase, en septiembre, llega la hora de la verdad: hay riesgo de expulsión para cientos de alumnas, tal vez millares, si los centros se ponen estrictos. Un grupo de imanes, reunido el pasado fin de semana en Lyón, informó de que ha explorado la escolarización de musulmanas en instituciones católicas, ya que la prohibición de signos religiosos afecta a la escuela pública y laica.

El Gobierno de París está inquieto, como lo prueba la vigilancia ejercida a través de Les Renseignements généraux (Investigaciones generales), un servicio policial cuyos 3.850 funcionarios escudriñan los "grupos de riesgo", los "fenómenos sociales" y las "desviaciones urbanas". Pues bien: el diario Le Monde se ha hecho con una copia de un informe elevado en mayo al ministro del Interior, Dominique de Villepin, sobre los signos de "repliegue comunitario" apreciados en unos 300 "barrios sensibles", la mitad de los sometidos a vigilancia.

Si un barrio cuenta con fuerte concentración de familias de origen inmigrante, "a veces mayoritarias", que acumulan desventajas sociales y culturales -y en los que a veces se da la poligamia- empieza a acumular razones para que la policía le incluya en esa clasificación. Otro criterio es la instalación de "modos de regulación de conflictos paralelos a las instituciones" y asociaciones "replegadas en función del origen de los participantes". También se ve en ellos la mudanza masiva de las poblaciones acomodadas -de "origen europeo", desde luego-, la proliferación de comercios "étnicos" y el cierre de los de tipo tradicional.

En esos barrios, las mujeres de origen magrebí que viven a la europea son "víctimas habituales de injurias y violencias". La policía dice que ha observado la presencia de predicadores islamistas radicales en más de 200 de los barrios vigilados, entendiendo por tales los partidarios del salafismo o del movimiento Tabligh. En los centros escolares de esas zonas proliferan "la observación del ramadán y las prohibiciones de alimentos, el cuestionamiento de las clases de historia, de ciencias naturales y de deportes; entre tanto, las jóvenes alumnas sufren presiones para llevar el velo por parte de los alumnos masculinos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2004