Los resultados de las elecciones europeas han reabierto la crisis interna en el Bloque Nacionalista Galego (BNG), ocho meses después de que su última asamblea consagrase el abandono del líder histórico, Xosé Manuel Beiras. El ahora máximo dirigente de los nacionalistas, Anxo Quintana, amagó con la dimisión hace unos días en un intento de frenar los enfrentamientos en los órganos de dirección. Quintana pretende zanjar la crisis, que compromete las posibilidades del BNG para las elecciones autonómicas del próximo año, con una remodelación de la ejecutiva designada tras la asamblea del pasado noviembre.
Desde los anteriores comicios gallegos de 2001, que frenaron 15 años de avance imparable de los nacionalistas, el BNG ha encadenado otros tres fracasos electorales y se ha visto inmerso en una crisis que retorna cíclicamente. Las disputas internas propiciaron el abandono de Beiras, líder electoral de los nacionalistas pero enfrentado al más influyente de los partidos que integran el BNG, la Unión do Povo Galego (UPG), y al dirigente con más peso interno, el diputado en el Congreso Francisco Rodríguez. Para suplir a Beiras se apostó por un relevo generacional en la figura del senador Quintana, de 44 años, que reunió el consenso de las principales corrientes internas y fue elegido portavoz nacional y candidato a la presidencia de la Xunta con el apoyo del 80% de la militancia.
Enfrentamientos
Desde entonces, Quintana ha tratado de reforzar su presencia social y su papel en una organización muy compleja, con un alto grado de debate interno. Los sucesivos fracasos en las elecciones generales y europeas han entorpecido los empeños de Quintana y reavivado las rivalidades históricas en el BNG, hibernadas durante los años de ascenso permanente del nacionalismo. Hace unos días, en una reunión del consello nacional, máximo órgano entre asambleas, se vivió uno de los momentos más tensos que se recuerdan. Rodríguez se enfrentó agriamente a Beiras, a quien, según fuentes nacionalistas, acusó de no actuar con neutralidad en su nuevo cargo de presidente del consello nacional. Las descalificaciones de Rodríguez fueron insistentes y prosiguieron una vez que se levantó la sesión. El rifirrafe supuso otro amargo trance para Beiras, quien, tras abandonar el liderazgo, pretendía seguir ejerciendo una función arbitral dentro del BNG, pero que se ha encontrado con una dirección poco dispuesta a concederle protagonismo.
Ante el cariz que tomaba la situación, Quintana intentó dar un golpe de timón y amenazó con abandonar si no se reforzaban sus poderes. El portavoz nacional ha sido autorizado a remodelar la dirección y ya ha anunciado novedades para los próximos días para seguir profundizando en el relevo generacional. La gran incógnita es si la renovación alcanzará a Beiras y Rodríguez, las dos personalidades que han marcado la historia del BNG y en las que se condensan sus contradicciones internas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de julio de 2004