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FUERA DE CASA

Caminos de Santiago

Es difícil ganar el jubileo si en las paradas se bebe agua de fuego en vasos de sidra.

Hace años, Cees Nooteboom, como tantos otros con más curiosidad que fe, quiso hacer el Camino de Santiago. Se perdió por otros caminos, dio la vuelta a la Península, se escapó a Canarias, volvió, se enredó por otros senderos, conoció otras rutas, disfrutó otros gozos, nunca llegó a Santiago. No ganó el jubileo. Tampoco Luis Buñuel besó, abrazó, o lo que se tenga que hacer, para cumplir el rito final del santo Camino. Hizo su particular Vía Láctea, disfrazado y en compañía de su amigo José Luis Barros, y rodó un inolvidable camino pagano. Un camino humano, un camino de imperfecciones. Para el rodaje recorrieron una vía poco láctea, con vinos gallegos y dry martinis, con putas troteras que se parecían a Delphine Seyrig. Un camino con bosques que escondían heterodoxias, priscilianistas que folgaban desnudos, mendigos, pícaros, curas ortodoxos, frailes rijosos y mujeres libertinas. Un camino con conventos, mesones y casas de lenocinio. Más o menos como ahora. El camino no cambia, se transforma. Santiago ya no es matamoros, les da trabajo precario, les permite el pirateo en las mantas, les deja vender artesanías en las puertas del templo. Ya no cierra España, se abre a los guiris, a sus euros, a sus tarjetas de créditos, a su fe y sus paganismos. Como siempre.

La primera tentación, mi caída en la imperfección, estuvo acompañada de buenas comidas, excelentes bebidas y mejor música

Estoy cerca de ganar el jubileo, pero también mi camino está lleno de trampas, de seducciones, de desvíos. La primera tentación, mi primera caída en la imperfección, estuvo acompañada de buenas comidas, excelentes bebidas y mejor música. En los valles leoneses de Laciana, cerca de los montes dónde habitaba el oso y ahora reposa y trabaja Eduardo Arroyo. Como cada año, una tropa de urbanitas se mezclan, nos mezclamos, organizados por Lourdes Manzano, con las gentes de aquellos valles, alrededor de Rosa Torres-Pardo para tocar, beber y cantar al viento. Notable el estreno de un nuevo coro. Las currutacas modestas; modestas pero seguras. No estaba Sonsoles Espinosa de Rodríguez Zapatero, nadie lo notó. También destacaron las sopranos Carmen Serrano y Celia Alcedo; el tenor, Enrique Viana; los pianos de Antonio López y Manuel Burgueras, las risas y las músicas del cuarteto Assai, las ironías ilustradas de los judeoconversos y musicólogos, Andrés Ruiz Tarazona y Arnoldo Liberman. Es difícil ganar el jubileo, incluso ganar al mus o al billar, cuando esas paradas musicales se hacen en compañía de bebedores de arroyos, que es una nueva/vieja manera de beber el agua de Justerini & Brooks con mucho hielo y en recipientes para beber la sidra. Inventos del artista. Imperfecciones del camino siempre está abierto a sorpresas, revelaciones, milagros y resacas. Revelación: el nacimiento de una estrella, de una seductora prelolita, una niña que ya canta mucho, que cantará más, Clara Muñiz. Sorpresa: ver hacer coros a Eduardo Arroyo -el más intelectual, el mejor pintor de los cien mil hijos de Joe Louis- con una canción de Joaquín Sabina cantada por Toya Arechavala. Cosas que pasan en los márgenes del Camino. Milagros paganos.

El arte, lo dice John Updike en su novela sobre pintura y pintores, Busca mi rostro, es pureza y autenticidad. La religión es, o se ha convertido, en otra cosa: un negocio. Eso sí, con unos productos fiables con los que comerciar: el temor y la soledad. Yo, por si Updike tampoco tiene razón, sigo haciendo el Camino. Como otros tantos ateos, peregrinos, gracias a Dios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004