Ariel Sharon, con 76 años, y Simón Peres, 80, se han convertido en los caudillos indiscutibles de Israel. Su capacidad camaleónica para sobrevivir, incluso en las condiciones más adversas, les permite monopolizar la vida política de este país. Su liderazgo supone una paradoja; es el triunfo de la gerontocracia en un Estado relativamente joven, en el que desde hace un tiempo parecen no tener cabida los nuevos líderes, a los que de manera sistemática se les está obligando a exiliarse o se les condena al silencio.
El último en arrojar la toalla ha sido Abraham Burg. Tiene 48 años. Era una estrella ascendente del Partido Laborista; orador brillante, había luchado en las filas del pacifismo, incluso encabezado en los años ochenta las manifestaciones populares contra la guerra en Líbano, en una de las cuales resultó herido por el estallido de una granada. Años más tarde, en la época dorada del laborismo, cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo, Burg llegó a ocupar el tercer lugar en la lista del partido, junto con Isaac Rabin y Simón Peres. Su último cargo fue el de presidente del Parlamento. Hace pocos días decidió dejar la política para dedicarse a los negocios.
"Los dos partidos quieren acaparar la máxima tierra palestina con el menor número de palestinos posible", dice el profesor Pappe, de la Universidad de Haifa
Antes que Burg, Slomo Ben Amí, 59 años, catedrático de Historia, ex ministro de Exteriores y de la Seguridad Interior en el Gobierno laborista de Ehud Barak, había decidido exiliarse
. Nacido en la ciudad marroquí de Tánger, fue el hombre mas votado en las primarias que el Partido Laborista celebró en 1999. Propugnó de manera enérgica la renovación de la izquierda israelí, tradicional feudo de la aristocracia askenazi. Propugnó la política de puertas abiertas a los sefardíes y a las minorías rusas. Se retiró voluntariamente de la escena hace dos años, para refugiarse en una universidad inglesa, donde ha vuelto a la docencia.
El proceso de autodestrucción de la nueva vida política israelí es imparable. A los que no puede eliminar los arrincona. En este grupo se encuentra Yossi Beilin, 55 años, profesor de Ciencias Políticas, portavoz durante una década del Partido Laborista, ex ministro de Economía, Justicia y Asuntos Religiosos, redactor de los Acuerdos de Ginebra con los palestinos. Su práctica desaparición de la vida política demuestra que son tiempos difíciles para la utopía.
Junto a Beilin agoniza Yossi Sarid. A los 63 años lidera el partido pacifista y laico, Meretz. Fue ministro de Medio Ambiente y Educación, pero, sobre todo, escritor.
Erial político
En este erial político se deslizan con absoluta agilidad el primer ministro y jefe del partido nacionalista Likud, Ariel Sharon, y el secretario general del Laborista, Simón Peres. La vida política de ambos está enraizada en el Mapam, el viejo Partido Unidad de los Trabajadores, de tendencia sionista socialista, establecido en 1948. Pero no se puede hablar de trayectorias paralelas. Una sola concomitancia: han sido primer ministro durante 40 meses.
Sharon, 32 años de político, ha sido seis veces ministro, y en los tres últimos años, en dos ocasiones primer ministro. Ha superado con éxito cuatro investigaciones judiciales por supuesta corrupción y sólo se ha visto atrapado por la Comisión Kahane, que en 1982 le implicó indirectamente en las masacres de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, lo que le obligó a dejar el Ministerio de Defensa. A pesar de su enorme envergadura humana, lo que le ha valido el apodo de bulldozer, es un contorsionista de la escena política que se balancea con agilidad de la izquierda a la derecha, siempre dentro del campo nacionalista. Animador de la colonización de los territorios palestinos, no dudó en destruir los asentamientos del Sinaí. Ahora se prepara a hacer lo mismo con los enclaves de Gaza, a pesar de que animó, organizó y coreó a los jóvenes radicales colonos a los que invitó a ocupar las colinas de Cisjordania.
Peres, 44 años de política activa, durante los cuales ha sido 10 veces ministro y tres primer ministro, dos con carácter interino; la primera, en 1977 por la renuncia de Isaac Rabin; la segunda, en 1995, a raíz de su asesinato. Su tercer mandato como jefe de Gobierno fue de 1984 a 1986, dentro del Gobierno de Unidad Nacional con Isaac Shamir. Un solo incidente judicial empaña su historial; en 1977 fue investigado a raíz de una cuenta ilegal localizada por los servicios de Hacienda en Estados Unidos, lo que le obligó a dimitir. A pesar de que está considerado como un abanderado del sector pacifista y recibió el Premio Nobel de la Paz en 1994, es el padre del programa nuclear de Israel y de la construcción del reactor de Dimona, donde se supone que hay almacenadas 200 bombas atómicas.
El vacío político en el que se encuentra inmerso Israel ha acabado acercando el futuro de los ancianos, Sharon y Peres, a pesar de sus diferencias de carácter.La perspectiva de un Israel en manos de estos dos dirigentes es sombría. Ilan Pappe, 50 años, licenciado en Filosofía por la Universidad de Oxford, profesor de Historia en la Facultad de Ciencias Políticas, en Haifa, considera que la colaboración política del Likud y el laborismo es la culminación de un proceso lógico de un país en el que poco a poco ha ido desapareciendo el debate intelectual y se ha ido sumiendo en un pensamiento único, en un cierto uniformismo ideológico, que lleva a todos los ciudadanos a saludar y exaltar la bandera, sin atreverse a criticar o a preguntarse adónde van.
"Creo que lo interesante, y a la vez un poco triste, es que desde hace cuatro años -cuando empezó la Intifada- ha dejado de haber diferencia entre el laborismo y el Likud. Hay diferencias personales e incluso de tácticas, pero no ideológicas. No hay ninguna diferencia en la forma que tienen de entender las cosas y en las soluciones. Los dos comparten la idea sionista, de acaparar la máxima tierra palestina con el menor número de palestinos posible. Los dos quieren construir un muro. Los dos se oponen al regreso de los refugiados. No sé de ningún palestino que esté en sus cabales capaz de aceptar todo esto. Y si los palestinos no lo aceptan, no lo aceptará el mundo árabe, ni el mundo islámico. Así que estamos en el mismo punto en el que empezamos", asegura el profesor Pappe desde su cátedra en la Universidad de Haifa, uno de los últimos bastiones de los disidentes y críticos israelíes.
Más datos
- Población seis millones.
- Extensión: 20.770 kilometros cuadrados.
- Economía basada en la agricultura y la industria; 27% de tierra cultivable. Tasa de crecimiento, 2,5% en 2004.
Importa petróleo, materias primas y equipo militar. Renta: 19.700 dólares.
- Religiones: judía, musulmana y cristiana.
- Democracia. Principales partidos: Likud y Laborista. Presidente, Moshe Katsav.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004