El ciudadano alemán Uwe Dieter Krone pasará a la historia de la cárcel de Valdemoro, mas no por pegar a su amante en el vis-à-vis, sino por pegarse a ella como una lapa utilizando un potente adhesivo industrial para ensamblar piezas de carrocería de los automóviles. Los vikingos son así de contundentes. Como en este tipo de uniones no interviene Dios, los cirujanos del hospital Doce de Octubre se han encargado de separarlos. El teutón, pletórico de amor y antecedentes penales, intentaba de ese modo pegársela a la justicia, que lo perseguía por prostitución y otros asuntos turbios en diversos países europeos.
No se sabe si esta unión era la deseada por su pareja, Michaela Nolte, o fue una imposición mafiosa a la desventurada joven para sacar las castañas del fuego al mozo. Acaso también pudiera ser una muestra sublime de cariño y frenesí de esos que se ven en el cine y en los culebrones. De la chica nada dicen los periódicos, excepto su nombre, pero Michaela también pasará a la posteridad como adelantada de una nueva especie de idilio, el síndrome de Valdemoro, que revolucionará las relaciones de pareja. Hasta el momento, los amores solían ser más flexibles y acostumbraban a estar entre Pinto y Valdemoro (Pinto es una localidad que está pegando con Valdemoro). Las relaciones valdemorinas son sólidas, sí, pero sólo se pueden finalizar con disolventes y sustancias muy agresivas. De todo lo cual se colige que Dios nos libre de tamaños pegamentos pasionales que tienen que solventarse en un hospital.
También se ha detectado en Madrid estos días una nueva modalidad de amor a la madre que consiste en irrumpir en urgencias con una pistola de pega para protestar por el trato inferido a tu progenitora en un centro sanitario. Ocurrió en el hospital de la Princesa, donde un tal Cándido, ex legionario con amplia historia policial, sembró el pánico entre pacientes y personal hospitalario.
Ambos síndromes, el de Valdemoro y el de la Princesa, son detestables. Te la pueden pegar y puedes pegártela. Los amores de pegamento son narcóticos. No te pegan nada a ti.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004