Toledo
Apenas a 70 kilómetros al sur de Madrid, la capilla del cardenal Tenorio, junto al claustro de la catedral de Toledo, ha sido reciente escenario de dos hechos cruciales para la historia del arte en España: el descubrimiento del empleo, por primera vez en la Península, de la técnica pictórica ideada en Italia por Giotto, que en el siglo XIV innovó el arte del fresco, y la aplicación, con éxito, de un tipo de restauración ultramoderna, a base de bario, sobre las prodigiosas pinturas que la capilla alberga desde hace seis siglos. Una suerte de capilla Sixtina en Castilla-La Mancha.
En el hallazgo y la restauración ha participado un equipo hispano-italiano de especialistas, codirigido por el arquitecto Jaime Castañón, el restaurador Antonio Sánchez Barriga y el técnico italiano Sabino Giovanone. Por su parte, los autores de aquellos magníficos frescos que anunciaban ya el Renacimiento con frescos de trasunto religioso sobre la vida de Cristo, escenas de la vida de la Virgen María, Adán y Eva y pasajes de San Pablo y San Pedro, integraron asimismo otro equipo italo-español, que integraban Juan Rodríguez de Toledo y, casi con certeza, Gerardo Starnina. Así lo subraya Francesco Gravina, responsable de Proyectos Europeos para los Bienes Culturales de la Dirección General de Cultura de la región de Toscana, que colabora técnicamente.
El proyecto, con un presupuesto de un millón de euros, fue iniciado en la capilla toledana el pasado diciembre para ser culminado en enero de 2005. Ha sido financiado, en un 50%, por la fundación estadounidense World Found Monument; en un 25%, por la compañía eléctrica española Iberdrola, y la cuarta parte restante, por el Consorcio de Toledo, que integra al Gobierno regional de Castilla-La Mancha, al Ayuntamiento y otras entidades locales.
"El Cabildo catedralicio nos ha brindado todas las facilidades para desarrollar lo más cómodamente posible la restauración", comenta Antonio Sánchez Barriga desde lo alto de un andamio, a ocho metros del suelo, bajo una bóveda estrellada pintada en torno a 1389, que acaba de recobrar su esplendor gracias a su equipo. Da los últimos retoques a estas pinturas, donde se ven despuntar los primeros destellos renacentistas bajo las nervaduras góticas de la capilla, selladas por el escudo cardenalicio.
El cardenal Pedro Tenorio vivió a finales del XIV. Para perpetuar su memoria, quiso destinar copiosos recursos a su enterramiento en el flanco norte del claustro de la catedral primada, único lugar donde el ya abigarrado templo permitía una ganancia de espacio. Encargó su hechura a los mejores pinceles de la época, como Rodríguez de Toledo, uno de cuyos retablos luce en el Museo del Prado y, casi con certeza, a Gerardo Starnina, contratado por Juan I de Castilla y quien pintara años después la catedral de Valencia. Una recua de demonios surgida de sus pinceles decora también la Santa Croce de Florencia. El problema era que la capilla, que con el tiempo sería dedicada a San Blas, asentaba su suelo a seis metros de profundidad bajo la cota de la calle Hombre de Palo, que limitaba por ese ala el perímetro del templo. Curiosamente, llevaba tal nombre en memoria de Juanelo Turriano, afamado hidráulico de origen italiano que construyó un ingenio para subir agua desde el Tajo a la Ciudad Imperial. Sobre esa misma zona permaneció durante siglos un lavadero público cuyos fluidos y escorrentías dañaron sobremanera los ricos frescos que ordenara pintar Tenorio. Desde entonces acá, esta pieza ubérrima de la catedral toledana ha padecido numerosas otras tribulaciones, como la desidia en el siglo XVIII y las decoraciones muy agresivas del siglo siguiente, contra un patrimonio que, en una pequeña parte, la humedad hizo perder para siempre, pero que ha sido rescatado para su contemplación por el público.
La humedad es una de las grandes enemigas de la pintura al fresco. El agua, generalmente mezclada con sales, altera los procesos que mantienen fraguados los materiales empleados, así obtenidos por carbonataciones minuciosamente calculadas con las técnicas históricas de pintura mural. Buena parte del arte medieval al fresco, tanto en Italia como en Francia y España, se perdió de esta manera, contra la cual se tardó siglos en descubrir eficaces procedimientos de combate. "Hemos comprobado el empleo aquí, por primera vez en España y tan prematuramente como a fines del siglo XIV, de la técnica de la giornata, que sucedió a la denominada untato, usada hasta entonces en los frescos", explica Sánchez Barriga. La innovadora técnica consistía en la pintura de pequeñas porciones de los motivos, de tal manera que demoraban su carbonata-ción, frente a la celeridad impuesta por la técnica precedente. Y añade: "En la restauración hemos empleado mineral de bario que, pese a la presencia de elevadas cantidades de yeso, ha rehecho la carbonatación de los frescos y nos ha permitido recuperar todo su esplendor", señala ufano Sánchez Barriga.
Una actuación posterior incluirá la construcción de un muro-pantalla en torno al perímetro externo del pequeño templo. Sólo así se impedirá de manera tajante que prosiga una erosión que parecía imparable y se embellecerá más, si cabe, la catedral toledana, aún simbólica capital religiosa de Madrid.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004