La escalada del precio del petróleo ha desbordado todas las previsiones y amenaza con desestabilizar la economía mundial, lo que ha provocado el aumento de la incertidumbre y fuertes caídas en todas las bolsas. El Ibex 35 pierde el 3,01% en esta semana y vuelve a situarse con pérdidas anuales.
Los mercados de valores han recuperado el papel de Barómetro de la economía y auguran una fuerte inestabilidad. La causa está en la escalada del precio del petróleo, que en esta semana llegó a superar los 41 dólares por barril en Europa y más de 44 dólares en Estados Unidos, y que no ha frenado ni siquiera con el anuncio de la OPEP de incrementar su producción en otro millón de barriles diarios.
La respuesta de los inversores ante una situación que producirá la lógica reacción en cadena que podría llegar a frenar la incipiente recuperación económica en la eurozona ha sido de un prudente abandono de posiciones, primero, y de auténtica desbandada después, ya que los indicadores económicos conocidos a lo largo de la semana han sido como una especie de anticipo de lo que puede traer el futuro a corto plazo.
El Ibex 35 ha terminado esta semana con un descenso del 3,01%, que le sitúa en 7.681 puntos, con un descenso del 0,73% en el año y muy cerca de los mínimos del ejercicio.
La desbandada de los inversores se ha producido como consecuencia de la acumulación de una serie de factores para los que el precio del petróleo ha servido de catalizador. La advertencia de amenazas terroristas al sector financiero en Estados Unidos vino a coincidir con el dato del PIB en el segundo trimestre, que es del 3%, frente al 4,5% del primero. El descenso de los gastos personales en junio es el mayor desde septiembre de 2001, mientras que los ingresos crecían al ritmo más lento en 14 meses. Para colmo de males, la economía estadounidense sólo creó 32.000 puestos de trabajo en julio, confirmando la desaceleración apuntada en los dos meses anteriores.
La situación, que la mayoría de los inversores entienden como global, muestra una economía en franca desaceleración, con fuertes presiones inflacionistas debido al petróleo y con los tipos de interés apuntando al alza, lo que justifica sobradamente las prisas con que el papel ha llegado a los mercados sin pararse a separar el trigo de la paja.
En el mercado español los volúmenes negociados a lo largo de la semana ya presagiaban cierto alejamiento de los inversores, pero los acontecimientos han adquirido una velocidad de vértigo en la última sesión, cuando el petróleo volvió a superar los 41 dólares por barril a pesar del incremento de producción anunciado. La Bolsa española ha tenido, además, sus particulares dosis de incertidumbre al cuestionarse el perfil de algunos directivos de grandes empresas nombrados por el anterior Gobierno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004