Los artefactos colocados ayer por ETA en sendas localidades costeras de Cantabria y Asturias no provocaron heridos. En ambos casos hubo aviso previo, aunque, en el de Ribadesella, sin precisar el lugar. Así pues, ya está aquí la campaña contra el turismo de la que habían alertado las autoridades.
En un escrito difundido en 2003 la banda consideraba una prioridad los ataques contra el turismo, dada su importancia en la economía española. Esos ataques fueron teorizados a fines de los setenta como parte de la estrategia de la negociación. Se trataba de convencer al Estado de que le convenía más ceder a las exigencias de los terroristas dado el daño -económico y en víctimas humanas- que en caso contrario eran capaces de causar.
Esa estrategia fue abandonada a finales de los noventa: cuando ETA se convenció de que el Gobierno no accedería a negociar. La alternativa fue la política de frente nacionalista capaz de imponer el programa de ETA mediante el impulso de la coacción social, también llamada socialización del sufrimiento. ETA esperaba que la frontera entre amigos y amenazados que marca esa coacción provocase un movimiento masivo en su favor. Ya no había nada que negociar con Madrid porque la mayoría así forjada impondría la independencia. Durante un tiempo no hubo más atentados contra el turismo, pero cuando también fracasó la nueva estrategia -no había tal mayoría- volvió a haberlos. Sólo que ya sin un objetivo político claro, una vez descartada la negociación. La derrota de ETA consiste en que se ha quedado sin estrategia.
Es posible que ETA, alentada por quienes proponen liquidar el Pacto Antiterrorista, esté tanteando la posibilidad de volver a la vía de la negociación. Sin embargo, fue el PSOE de Zapatero quien en su día propuso ese pacto para blindar al Estado frente a tal posibilidad, y quien ayer reafirmó su vigencia. Ahora que ETA se ha quedado a la vez sin estrategia y sin cantera, lo que abre la expectativa de su derrota política, nada sería menos inteligente que devolverle la esperanza de que sus coacciones pueden resultar efectivas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004