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Entrevista:LUIS MIGUEL VARONA | Hostelero | FIESTAS DE LA BLANCA

"Lo que me pide el cuerpo es irme de vacaciones"

Lleva 20 años en el mundo de la hostelería y conoce la noche vitoriana como nadie. Antes de abrir el bar Dublín, mirador exquisito de la plaza de la Virgen Blanca, Luis Miguel Varona (Vitoria, 1966) ya había pasado por las barras de Círculo, Pravda o Río, los templos de la madrugada. Ahora, desde su atalaya privilegiada, observa la vida de la ciudad durante el día y, si la jornada lo merece, después de que se pone el sol.

Pregunta. ¿Ve su bar cerrado durante las fiestas de La Blanca?

Respuesta. Eso es imposible, estando donde está. Pero lo que me pide el cuerpo es irme de vacaciones ya. No sé si es por la edad o porque me ha llegado cierto cansancio ante las pocas expectativas de sorpresas estos días. La verdad es que las fiestas tienen poco aliciente.

P. Y eso que se encuentra en primera línea.

R. Y tanto: el día 4 no abrimos hasta las seis y cuarto, cuando se ha disuelto el mogollón del Celedón. Hay que tener en cuenta que camareros y hosteleros vivimos estos días de una manera muy distinta.

P. El Celedón es un momento. ¿Qué le parece el resto del programa?

R. Como ciudadano, me parece espantoso, aunque quizás esta expresión no guste en algunos círculos. No son unas fiestas del siglo XXI. Son del siglo pasado, bien pasado, en las que todavía pesa mucho la tradición.

P. ¿Cómo le gustaría que fueran las fiestas?

R. No sé cuál sería la fórmula del éxito. Tengo claro que las fiestas de Vitoria son muy delicadas: no tenemos el turismo de San Sebastián, la población de Bilbao o la tradición internacional de Pamplona, donde los encierros animan la ciudad desde las ocho de la mañana.

P. Ahora se habla de cambiar las fechas.

R. Me parece una buena idea. Si se adelantaran al día 1 de agosto, se contaría con muchos alaveses que se marchan de vacaciones, por no perder cuatro días. El problema es esa pretendida tradición que marca mucho y que está llena de falsos tópicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004