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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Diez años de evolución general

El 10 de agosto de 1997 marcó un antes y un después en el FIB. Cuando los más de 9.000 fibers, de casi 15.000 asistentes, abandonaron el velódromo de Benicàssim después de que una fuerte tormenta arrancara el escenario principal, las percepciones sobre el festival comenzaron a cambiar. Para los paisanos, demostró que aquellos peludos que les habían obligado a sellar puertas y ventanas y que perturbaban su apacible agosto no eran tan peligrosos. Para la organización quedó clara la necesidad de un cambio de ubicación para una cita cada vez más multitudinaria.

Han pasado diez años desde el primer FIB. Siete, desde el fatídico 97. Los fibers han cambiado. Entonces abundaban los veinteañeros. Este año la horquilla de edad entre los asistentes es más amplia que nunca. Empiezan a coincidir en el recinto padres con hijos adolescentes. También progenitores que se resisten a que sus menores pierdan la oportunidad de ver a sus mitos y a que mamen sólo de las listas de éxitos.

También el escenario general ha cambiado. Benicàssim ha crecido. La infraestructura festivalera ha mejorado. El FIB ya no se cuestiona. Sin embargo, los comerciantes y hosteleros todavía mantienen ciertas quejas sobre la variación del gasto de los fibers de un año a otro. Quizá, inconscientes de la permanente amenaza de un traslado a otros lugares que también ofrecen sol y playa. Pero no sería lo mismo. Ya no sería Benicàssim.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004