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Ciencia recreativa

Sueños espaciales

La Administración Europea del Espacio (ESA) tiene un plan para hibernar astronautas. Era lo que se hacía en las películas antiguas para viajar al planeta Mongo sin que la tripulación llegara muerta de vieja. La ESA no piensa todavía en Mongo, pero sí tiene en estudio mandar una misión tripulada a Marte en 2030, y el Equipo de Conceptos Avanzados de la agencia quiere tener listo para entonces un sistema de hibernación experimental para probarlo en la nave. Marte no está tan lejos, y los astronautas podrán hacer el viaje mirando por la ventanilla, como las personas humanas, pero después vendrá Saturno, que está a varias décadas de distancia, y de ahí al infinito. Hay que tener las maletas hechas.

El Equipo de Conceptos Avanzados (ACT en sus siglas inglesas) fue establecido hace dos años para este tipo de disparos de largo alcance, y funciona como una interfase con las universidades europeas, husmeando cualquier avance teórico que pueda tener algún día una aplicación en el espacio. Les pagan por no descartar nada, y tienen la mesa llena de ecuaciones y garabatos sobre posibles naves de propulsión nuclear, motores de antimateria, rutas óptimas a las estrellas vecinas, dispositivos para esquivar asteroides, satélites para generar electricidad a partir de la luz solar y sistemas para convertir en energía las heces de los astronautas (¿será eso una energía limpia?).

Mark Ayre, del ACT, y Carlo Zancanaro, de la Universidad de Verona, se han concentrado en una molécula llamada DADLE (D-alanina, D-leucina-encefalina), que tiene unas propiedades similares al opio. Según informan en www.nature.com (3 de agosto), una inyección de DADLE basta para que una ardilla terrestre se ponga a hibernar en pleno verano. Zancanaro ya tiene en marcha el mismo experimento en ratas. Entretanto, Marco Biggiogera, de la Universidad de Pavia, ha comprobado que la DADLE hace dormir a las células humanas en cultivo: empiezan a replicarse muy despacio y reducen al mínimo la actividad de sus genes. Biggiogera está intentando ahora conseguir un lemur enano de Madagascar, el único primate que hiberna, según se descubrió este mismo año. Si el DADLE le hace hibernar fuera de temporada, algún voluntario humano se acabará ganando un pinchazo tarde o temprano. De ahí al planeta Mongo sólo hay un paso.

¿Haremos el viaje? Los astrofísicos han detectado ya 110 planetas en otros sistemas solares. ¿No estaría bien ponerse un chute de DADLE y acercarse por allí a ver que se cuenta el doctor Spock? Por desgracia, las últimas noticias sobre esos planetas no son buenas. Martin Beer, de la Universidad de Leicester, acaba de presentar en www.arxiv.org unos cálculos muy deprimentes.

Casi todos los planetas extrasolares descubiertos hasta la fecha son gigantes tipo Júpiter, inhabitables con toda probabilidad. Pero esto es una consecuencia de los métodos de observación, que todavía no son capaces de detectar pequeños planetas habitables como la Tierra. Por ello, los astrónomos suelen suponer que los gigantes estarán acompañados de otros planetas más pequeños que no podemos detectar.

Nuestro sistema solar se formó por etapas: el gas se agregó en polvo, el polvo en guijarros, los guijarros en rocas, las rocas en miniplanetas (planetesimales, en la jerga) y éstos en planetas. Este ensamblado jerárquico es necesario para lograr un resultado bien ordenado, con varios planetas girando en órbitas casi redondas, y con el gigante Júpiter a una gran distancia del Sol. Pero los planetas extrasolares no sólo son gigantes, sino que además están muy cerca de su sol, y siguen unas órbitas muy excéntricas, es decir, como elipses muy alargadas. Esto, según Beer, quiere decir que esos sistemas se originaron de una forma muy distinta: directamente a partir del gas, sin pasos intermedios. Y ese proceso no es capaz de generar pequeños planetas rocosos y habitables. Si Beer está en lo cierto, los gigantes extrasolares están solos. Y nosotros también. Siempre nos quedará la energía limpia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004