Una buena ubicación lo es todo, y si no, que se lo pregunten a Albert. Desde el día del inicio del Fórum trabajaba en un quiosco de venta de cupones en el centro de la plaza de los Talismanes, junto al fragor producido por el público que acude a las exposiciones y el que está frente a una hilera de bares, así como el sonido de la música del escenario de la zona. Pocos advertían la presencia de Albert y su ristra de números de la suerte.
Pero ahora todo ha cambiado. La nueva ubicación del quiosco es en la entrada de la plaza, y son muchos los que ahora reparan en él. Estos días Albert trabaja a buen ritmo y con un humor a prueba de bomba. "Si me haces una foto, se te estropea la cámara para siempre, ya verás", dice entre risas mientras vende dos cupones a una pareja. "Aquí cada día la gente es diferente, mientras que en la ciudad te haces una clientela fija", explica mirando con sus ojos color turquesa, que a veces cubre con unas gafas Rayban de última moda. "La cuestión es trabajar para levantar el país", dice, y se carcajea otra vez.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de agosto de 2004