Creo que los ciudadanos asisten con interés al debate reabierto en las últimas semanas sobre el copago en los servicios de asistencia sanitaria. La valentía de los políticos catalanes al plantear con franqueza la imperiosa necesidad de "hacer algo" para poder financiar una asistencia sanitaria cada vez más cara, con un coste que tenderá a progresar exponencialmente, y el responsable intento de neutralizar o paliar el despilfarro en el "consumo sanitario" son muy elogiables.
Por mi profesión de trabajador sanitario, dedicado en cuerpo y alma a la sanidad pública, en la que creo profundamente como un elemento imprescindible para la cohesión social, he meditado y contrastado muchas opiniones respecto del copago en la prestación sanitaria y en el gasto farmacéutico. Tengo la firme convicción de que alguna forma de copago será implantada en un futuro más o menos próximo o remoto. Por otra parte, tengo también la firme convicción de que sólo un gobierno de izquierdas lo podrá implantar con credibilidad. Hace 20 años, un Gobierno socialista tuvo el buen consejo del "informe Abril" y no tuvo coraje para afrontar la cuestión. Como consecuencia, ya llevamos 20 años de retraso, años en los que se ha ahondando en el déficit del sistema.
Me congratula mucho leer el editorial de su periódico del pasado día 7 de agosto. Por vez primera veo a su periódico tratar con objetividad el problema de la financiación de la asistencia sanitaria. Frecuentemente, en su diario se han expuesto opiniones un tanto demagógicas. Les animo a contribuir a un debate serio y responsable, del que esta sociedad española de principios de siglo está tan necesitada.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de agosto de 2004