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El dolor infinito de la guerra de Sudán

En 55 centímetros de altura parece encerrar todo el cansancio del mundo. O de una guerra. No sonríe. No gesticula. Si le coges la mano, cuando se la sueltas la deja caer a plomo. Con una camisa dos veces su talla y con el trasero al aire, el niño está sentado con las piernas estiradas y sus rodillas parecen bolas enormes en medio de los dos palos que son sus piernas. Casi no tiene carne, lo que hace que la piel se le despegue de los huesos. No se mantiene en pie. Toma Dgash tiene cinco años y pesa 7,6 kilos.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de agosto de 2004