Durante los meses de verano principalmente, la atmósfera existente en el intercambiador de Moncloa es irrespirable. Los viajeros sufren temperaturas de 40 grados en algunas zonas del recinto, ya que en otras se supera esta cifra.
La consecuencia es el monóxido que desprenden los motores de los varios cientos de autobuses que a diario circulan por el intercambiador. La mayor parte de éstos permanecen con el motor en marcha durante el descenso o ascenso de viajeros.
También se agrava el problema por los desaprensivos fumadores que, ignorando las discretas señales de prohibición, fuman durante la espera de la llegada de su autobús.
He de indicar, a este respecto, que no existe vigilancia en el recinto, estando los fumadores libres de ser llamados al cumplimiento de no fumar.
¿Cómo es posible que este intercambiador no esté datado de un sistema de potente ventilación para eliminar los gases que se acumulan diariamente? Da la impresión de haber existido falta de previsión por parte de los técnicos.
Mejor suerte van a tener los usuarios del intercambiador situado en la avenida de América, ya que serán instalados termómetros y aparatos de ventilación, según se ha anunciado recientemente.
Vaya, desde estas líneas, una llamada de atención al gerente del Consorcio Regional de Transportes, de donde dependen los intercambiadores, para que tome en consideración esta denuncia y busque una rápida solución al problema.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de agosto de 2004