Un año más, la Aste Nagusia de Bilbao llegó a su fin. Ya se han acabado los bailes, se han recogido los hinchables del txikigune y el Gargantúa abrió su enorme boca para tragarse al último niño. Tras quemar a Marijaia, ayer en la plaza del Arriaga, es hora de desmontar las txosnas, hacer balance ante el año próximo y ofrecer al cuerpo el merecido descanso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de agosto de 2004