Manuel Ángel Núñez, gobernador del Estado de Hidalgo, instó a reglas claras para elegir al abanderado del PRI en 2006 porque hay "un número importante" de gente preparada que quiere serlo. Sin la unción desde la Presidencia de la República, ejercida durante décadas, todo cambió en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El proceso de elección del candidato presidencial será una de las pruebas de fuego para evitar el cisma, mil veces cantado y mil veces evitado porque hace mucho frío fuera del PRI.
Roberto Madrazo afronta la rivalidad de los tecnócratas zedillistas, a la baja, de Elba Esther Gordillo y su poderoso sindicato de maestros, de varios flancos obreros y de los gobernadores, nueva fuerza en México, que quieren llegar a Los Pinos. Quieren primarias abiertas o votación de delegados, pero el artículo 191 de los estatutos del partido señala que "en los casos de fuerza mayor", el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) "designará los candidatos", en este caso el presidencial. Madrazo, que controla el mayor número de los 224 diputados priístas en Congreso y varios gobernadores, domina el CEN, y sus adversarios temen que encuentre alguna "fuerza mayor" y la aplique para alzarse con la candidatura. Todos velan armas y trabajan para modificar a su favor la correlación de fuerzas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de septiembre de 2004