La playa de La Zurriola amaneció ayer con un aspecto insólito. No había un solo toldo en pie. Todos, 240 en total, aparecieron tirados sobre el arenal. "Han tenido que ser cuatro gamberros", se lamentaba el responsable de los toldos de la playa. Nunca había sucedido una cosa igual. Hace tres años, recuerda, un grupo de desconocidos encontraron motivo de diversión dando fuego a 120 tumbonas.
Los autores de este último acto de gamberrismo arrancaron, de noche y uno a uno, los 240 postes de madera de los toldos, que van hundidos en la arena y llevan cuatro sillas sujetas con un candado. Dos tolderos y dos operarios dedicaron toda la mañana a clavar de nuevo los postes en la zona más próxima al Kursaal. Los abonados de estos toldos -la mayoría personas mayores- no daban crédito a lo sucedido: "Al principio hemos pensado que hoy acababa la temporada de playas [termina el día 15], pero no; esto es una broma de muy mal gusto".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de septiembre de 2004