Parece increíble que a estas alturas existan agencias de viajes como Zady Travel. Me centraré en lo relativo a las estancias en dos hoteles de Francia. En el primero de ellos no existía la cama supletoria acordada y pagada (¿será casualidad que no nos dieran ni una sola factura de los productos contratados). En el segundo despreciaron nuestra indicación de hoteles céntricos para mandarnos a un barrio extrarradial y marginal, con amplia presencia de drogas y delincuencia. El hotel estaba en obras y desde primera hora de la mañana hasta la tarde había un ruido insoportable. A pesar de que pagábamos un precio bastante alto (20.000 pesetas la noche) la calidad del hotel era penosa: escasa higiene y con un mobiliario de película de terror.
Lo peor es a la hora de ponerse en contacto con la señorita de la agencia, ilocalizable, dando largas, impresentable... Después de varias conferencias conseguimos que atienda a nuestra solicitud de cambiarnos de hotel. Nos ofrece otros pero con un incremento, a pesar de que el hotel en el que estábamos se podía reservar por la mitad del precio que pagábamos. Nos exige que ese incremento lo paguemos con antelación, para lo cual me insta a que le diga por el móvil los números de mi VISA, de lo contrario, no hay cambio. Todo esto dicho en un tono chulesco y provocador. Como no puedo dar unos datos tan sensibles a personas que han mostrado una actitud tan impúdicamente predatoria, no me dejan otra posibilidad que la cancelación, para lo cual me exigen numerosos trámites burocráticos y tengo incluso que llamar varias veces a España para que algún amigo logre cumplirlos. Al fin lo consigo, no sin aplicárseme otro abono de casi mil pesetas en gastos de cancelación. Los "choricetes" y "drogatas" del barrio al que nos habían mandado me parecieron entrañables.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004