Si Rajoy está preocupado por la falta de modelo de Estado que, según él, exhibe Rodríguez Zapatero, el presidente de la Junta de Extremadura, está irritado. Rodríguez Ibarra ha arremetido contra Maragall y contra todo lo que se mueva por intentar acercar posturas en el PSOE en el debate autonómico que viene. ¡Un momento! Que nadie se me eche encima, que cuando digo acercar posturas no digo ceder para desintegrar el Estado y consentir asimetrías y compensaciones de tercera como resultado de la cesión, no quiero decir que haya que hablar con Maragall para colmar sus deseos o aceptar sus peculiares propuestas a Andalucía para que la Junta y el presidente Chaves sean conniventes con sus pretensiones ventajistas; no estoy diciendo ni queriendo decir eso. Intento decir que del debate que viene tiene que resultar un Pacto de Estado. Un Pacto que llevara a que las reformas estatutarias y constitucionales sean de acuerdo a un consenso que hay que trabajar, con la sabiduría política que haga falta, con la prudencia que sea menester y con toda la firmeza, también, que lleve a convencer a los desaforados de las "asimetrías", de la imposibilidad de sus excesos.
Por supuesto que el primer consenso tendrá que conseguirlo el PSOE en su seno y hasta que no haya tal, cualquier intento de ampliarlo será inútil, por eso es dentro del PSOE donde deberían empezar a abandonar los que estén en ello, el debate peleón y demagógico que lo único que consigue es dramatizar algo que, como dice Chaves hay que desdramatizar. Y en política sólo se desdramatiza si se recupera la esencia misma de la política, si el político es capaz de intentar armonizar las ideas contrapuestas. El debate sobre el Estado Autonómico es de esencial interés general, por eso sobran pretensiones particulares y discursos gruesos y quienes están en ello olvidan que el buen político no es el que limita el horizonte, ni el que pretende imponer sus ideas. Eso es renunciar a la política, que no es otra cosa que el arte del diálogo y la negociación, cuya efectividad está contrastada desde que existe la sociedad, escenario donde la política nace y donde hacerla bien puede llevar a la felicidad colectiva y hacerla mal a la infelicidad y la insatisfacción. Con Platón en el pensamiento, inquieta comprobar lo difícil que resulta a veces a los políticos, hacer política.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004