El fracaso español en el Open de tenis de Estados Unidos, desde la perspectiva individual, se consumó en la madrugada de ayer en las pistas neoyorquinas de Flushing Meadows. Tommy Robredo, el único superviviente, careció de cualquier opción ante el norteamericano Andy Roddick, el defensor del título, que se deshizo de él en los octavos de final en tan sólo tres mangas: 6-3, 6-2 y 6-4.
Noventa y tres minutos le fueron suficientes a Roddick para imponerse por séptima vez, la totalidad de sus enfrentamientos, a Robredo, para quien es su bestia. Letal con su saque, con el que consiguió once tantos directos y el 88% de los disputados, lo suyo vino a ser un auténtico paseo ante su voluntarioso, pero impotente, adversario.
No obstante, Robredo confesó sentirse satisfecho de su juego, que parece garantizarle la presencia en el equipo español en las semifinales de la Copa Davis, contra Francia, en Alicante del 24 al 26 de este mes, formando el doble con Rafael Nadal -el G-3, el grupo de tres capitanes que encabeza Jordi Arrese, tiene la intención de apurar hasta el último día de plazo, el 14, para confirmar su cuarteto de jugadores, en el que Juan Carlos Ferrero y Carlos Moyà serían los encargados de afrontar los partidos individuales.
"Estoy feliz", dijo Robredo, "por haber llegado hasta donde he llegado. Caer ante Roddick, el número dos mundial, no supone ningún desdoro, no es para sentirse desmoralizado. Romperle el servicio es casi imposible y yo estuve en un tris de hacerlo en algunas ocasiones, pero cometí errores puntuales que fueron decisivos".
"Sigo creciendo como tenista y cada vez me siento más completo", concluyó el gerundense, de 22 años de edad; "estar entre los 18 mejores del mundo y ser el tercer español es para mí un motivo de orgullo y me proporciona mucha confianza ante el futuro. Sé que todavía debo mejorar mi juego en muchos aspectos, pero estoy trabajando a conciencia para conseguirlo".
Las semifinales femeninas marcan un punto y aparte para las hermanas Williams, norteamericanas. Ausentes forzosas en la de 2003 debido a sus lesiones, esta edición va a ser la primera desde la de 1996 en que ni una ni otra estén presentes en ellas. Eliminada en los octavos de final Venus, la campeona en las de 2000 y 2001, por su compatriota Lindsay Davenport, Serena, vencedora en las de 1999 y 2000, corrió igual mala suerte en los cuartos ante la también estadounidense Jennifer Capriati, que la doblegó por 2-6, 6-4 y 6-4 en un duelo apasionante y controvertido. Apasionante, por la calidad y la intensidad del juego desplegado en la pista. Y controvertido, porque los jueces cometieron algunos errores y uno de ellos, una pelota suya que había botado claramente sobre la línea lateral y fue dada por mala, provocó las quejas tan furibundas como espectaculares de Serena.
A su vez, la francesa Amelie Mauresmo se quedó momentáneamente sin la condición de nueva número uno mundial por puntos. Lo sería ya de haber derrotado a la rusa Elena Dementieva, pero fue batida por 6-4, 4-6 y 6-7 (1-7). Así que tendrá que aguardar a ver si Davenport se adjudica o no el título, ya que en el primer supuesto no alcanzaría su objetivo. "Tampoco me siento muy presionada por ese detalle. Lo que más lamento es haberme estrellado en la muerte súbita", matizó.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004