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Zapatero impulsa en Túnez la reunión de la II Conferencia Euromediterránea en Barcelona

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, alabó anoche "la democratización de Túnez" y pidió el apoyo de este país para organizar en 2005 una nueva Conferencia de Barcelona, al cumplirse los diez años de la que inauguró el diálogo euromediterráneo, proceso que el presidente calificó de esencial para "aislar al radicalismo y al integrismo".

Zapatero llegó a Túnez en la tarde de ayer, para participar en la V Reunión de Alto Nivel hispano-tunecina, un compromiso de periodicidad teóricamente anual heredado del tratado de amistad firmado por Felipe González en 1995. El acuerdo favorecía las relaciones con Túnez -un país con apenas 10 millones de habitantes y sin recursos energéticos-, dotándolas de los mismos instrumentos previstos para el vecino Marruecos, pero el menor interés efectivo de los contactos entre Madrid y Túnez ha determinado una cadencia inferior de estas cumbres bilaterales.

Zapatero realiza esta visita, que completa, además, su primera gira magrebí, acompañado por los ministros de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y de Cultura, Carmen Calvo, quien organiza el sexto centenario de la muerte del sociólogo Ibn Jaldún.

Ayuda al turismo

Los únicos acuerdos que se firmarán en la cumbre tienen que ver, sobre todo, con los 80.000 españoles que viajan anualmente a Túnez como turistas, pues miran, respectivamente, al Convenio sobre Seguridad Social ya existente y al reembolso de los gastos de asistencia sanitaria.

Más acá del turismo y de un comercio bilateral que, en las dos direcciones, no llega a sumar los 900 millones de euros al año, las relaciones hispano-tunecinas coinciden en dos temas claves del momento: la inmigración y el terrorismo. El flujo de inmigrantes de este país hacia España es, no obstante, menor que el originado en sus países vecinos y Túnez coopera satisfactoriamente en su gestión, y mantiene una estrecha relación policial con el exterior para el control de terroristas.

Túnez tiene, por último, para los gobernantes españoles el interés de un país que trata de compensar sus reducidas dimensiones con una intensa actividad diplomática, lo que puede resultar útil cuando se pretende jugar un papel en la resolución del conflicto del Sáhara o incluso en Oriente Próximo. Pero la eficacia de esa acción, por ejemplo en los intentos del reanimar la Unión del Magreb Árabe (UMA), parece escasa, mientras que el mal balance en materia de derechos humanos y libertades democráticas del régimen de Zine el Abidine Ben Ali resta comodidad a la alianza.

Los principales grupos de defensa de los derechos humanos tienen a Túnez en el punto de mira. Human Rights Watch denunció este verano que al menos 40 de los 500 presos políticos que puede haber en Túnez se encuentran en condiciones infrahumanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004