"Si el flamenco es fuego, Tarantos es un volcán", manifestó ayer en la presentación del musical flamenco su director, Emilio Hernández, responsable también de la nueva versión escénica de la célebre historia de amor imposible entre una pareja de jóvenes pertenecientes a dos familias gitanas rivales. El espectáculo inicia sus funciones el próximo miércoles en el Barcelona Teatre Musical.
Hernández insistió ayer en la originalidad de estos Tarantos. "No intentamos reproducir nada, incluso el título es distinto", aseguró. Basado en la obra de Alfredo Mañas La historia de los Tarantos y en la película de Francisco Rovira Beleta Los Tarantos (1963), el musical se sitúa también en el barrio del Somorrostro de Barcelona para narrar la historia basada, a su vez, en la de Romeo y Julieta, de Shakespeare.
Los amores imposibles entre la joven Zoronga, Juana, e Ismael, el Taranto joven, narran también, a través de tres generaciones, la "ruptura de fronteras a favor de la paz, la esperanza y de los olvidados", explicó Hernández.
El musical comienza con filmaciones históricas de lo que fue el barrio de Somorrostro, en contraste con las que también se ofrecen de cómo está hoy el mismo espacio: el escenario de las nuevas playas de la Barceloneta y los rascacielos. El montaje, uno de los últimos que tiene programado el Fórum en la ciudad, cuenta con un presupuesto de un millón de euros y es una coproducción de Focus, Antares en directo, Iberautor y Barcelona Serveis Municipals.
Con música y dirección musical de Juan Gómez, Chicuelo, Tarantos reúne a una treintena de artistas, entre bailaores, cantaores y músicos en este espectáculo "de pasión y dolor", según lo definió Hernández, que dedica el montaje a Alfredo Mañas, pues él le introdujo en el mundo del teatro hace 40 años. El coreógrafo Javier Latorre, por su parte, quiere con su trabajo rendir homenaje al recientemente fallecido Antonio Gades, el protagonista de la versión cinematográfica, por ser "el último referente ético y moral de la danza española".
Los papeles principales los interpretan Carmelilla Montoya, que con 15 años obtuvo el Premio Nacional de baile flamenco y que ha de lidiar con el personaje que encarnó Carmen Amaya; Juan Carlos Lérida, que ha participado en Bodas de sangre y Amor brujo; Ana Salazar y Candy Román.
La compañía ha ensayado durante dos meses que, según Salazar -Juana, en la obra- fueron durísimos: "Nos ha costao la vida misma, porque nos juntamos bailaores y cantaores pero no hay ningún actor". Lo más difícil, dijo, era seguir el ritmo que marca el argumento, sin poder dejarse ir ni improvisar como ocurre con el baile flamenco. El vestuario es universal y atemporal. "No hay lunares ni pañuelos anudados al cuello", comentó María Araujo, diseñadora del vestuario.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004