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Crítica:FERIA DE VALLADOLID | LA LIDIA

Ganó Ponce

Pasa cuando se juntan las figuras, como es el caso, que a la fiesta le roban la cartera. La sustracción es en especie: falta de trapío, escasez de fuerza cuando no invalidez, escamoteo de la suerte de varas, desaparición de los quites, entre otras cosas.

Las figuras más esperadas en el coso de Zorrilla son Enrique Ponce y Julián López, El Juli. La empresa lo sabe y por eso pasean dos tardes. Son los únicos que repiten.

La primera de ellas, la de ayer. Juntos en un enfrentamiento celebrado por poncistas, juligans, toreristas, aplaudidores a granel junto a aficionados en estado escéptico. A pesar de la expectación, ambas glorias de la torería actual fueron incapaces de poner el cartel de no hay billetes. Eso juntas; lo que pase cuando lo hagan separadas se verá.

Del Río / Ponce, Juli, Manzanares

Cinco toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación, blandos y nobles; y uno de Ángel Sánchez, inválido. Enrique Ponce: estocada (oreja); media estocada (dos orejas). El Juli: media estocada caída (silencio); tres pinchazos, estocada (ovación y saludos). José María Manzanares: pinchazo, estocada (ovación y saludos); estocada caída (ovación y saludos). Plaza de Valladolid, 8 de septiembre. 5ª de feria. Casi lleno.

La pugna la ganó Enrique Ponce. El primero del maestro de Chivas era un inválido. Si alguien, entre comillas, puede triunfar con un inválido es Ponce. Sólo se le derrumbó tres veces. Y lo lució más allá de lo permitido, doce minutos de lucimiento exento de emoción que le valió el primer trofeo.

Al cuarto, el del triunfo, no le picaron. Llegó con genio y fuerza a la muleta. Brillante y poderoso inicio de faena a base de ayudados por bajo, cambios de mano y el obligado pase de pecho. Siguieron series con ambas manos destacando, sobre todo, el toreo al natural, que aunque despegado y abusando de pico prendió en los tendidos. Para finalizar volvió a recurrir a los ayudados, esta vez intercalando los bajos con los altos, sin olvidarse de los cambios de mano. Estos momentos fueron los del máximo esplendor estético del triunfador de la tarde.

Nuevamente la faena excedió de los doce minutos, y con esto la controversia: hay quien dice que a Ponce le duran tanto los toros porque ni se ajusta ni remata atrás, con lo cual no se quebrantan. Hubo quien incluso pidió que no se matara al toro, menos mal que hubo cordura, cómo se puede indultar a un toro si no ha pasado por el caballo. Habrá que perdonar al presidente en esta ocasión que se le parara el reloj.

A El Juli también le tocó por primero un inválido. La muleta del madrileño no tiene, por el momento, el sutil tacto del maestro valenciano, por lo cual las caídas proliferaron, desluciendo. Se ganó la bronca por negarse a poner las banderillas. En su segundo acalló las protestas cambiando regletes por lopecinas.

Espoleado por el triunfo del director de lidia suplió la estética y calidad de éste con entrega, resultando su trabajo un pelín galerista y encimista. Ganado el fervor de sus seguidores y el del público en general, se le escaparon los trofeos en tres pinchazos.

El tercero en discordia, José María Manzanares, actuó mostrando todos los vicios de los mayores pero sin mando. A exquisiteces le seguían embarullados trapazos. En el que cerró festejo, un toro con mayores posibilidades de lucimiento que el flojo primero, desaprovechó la ocasión de haber sumado un trofeo a su esportón. Embarullado al natural y ventajista con la derecha, no llegó a caldear lo suficiente los hoy triunfalistas tendidos.

Cuando menos, al abandonar la plaza, la gente salió hablando de toros. Unos celebrando el triunfo de Ponce, otros aseverando que no fue para tanto y otros lamentando que su ídolo se fuera de vacío. Algo es algo, por fin se pudo disfrutar de algo digno dentro de una feria que hasta ayer ha sido un verdadero descalabro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004