Cuando el equipo electoral de Bush preparaba la Convención Nacional Republicana, el mayor de sus temores políticos estaba representado en la posibilidad de que la muerte del soldado número 1.000 en Irak coincidiese con la fiesta de la semana pasada en Nueva York. Salvada por poco esa combinación de acontecimientos, los más de 1.000 muertos apenas han encontrado un hueco en los informativos de Estados Unidos. Hay dos razones para ello, según varios expertos en medios de comunicación: el alto nivel de bajas tolerado por la sociedad estadounidense y la efectividad de la política de oscurantismo del Pentágono.
La opinión pública no ha estado sometida a un goteo de féretros y funerales porque el Departamento de Defensa prohibió el acceso de los medios a las ceremonias de llegada de los cadáveres de los soldados. La normativa siempre ha estado vigente, pero nunca se había aplicado de manera estricta. Dado que el presidente Bush es el primero que no ha asistido nunca a esas ceremonias, el Gobierno de EE UU parece determinado a convertir esos cadáveres en féretros invisibles, sólo vislumbrados en unas fotografías furtivas difundidas por Internet.
El informativo estrella de la mañana, el Today show de la NBC, arrancaba con la cifra trágica y preguntaba a su analista político, Tim Russert, el efecto que puede tener: "Creo que es significativo porque desde la transferencia de la soberanía, los medios apenas han cubierto lo que ocurre en Irak. Hoy, en cambio, todos los periódicos y los programas arrancan con ese recuento espeluznante. Creo que puede hacer que la gente vuelva a centrar su atención en la guerra en Irak", dijo Russert.
La cifra diaria de bajas apenas ocupaba ya un recuadro minúsculo en los periódicos, aliados con el Pentágono en la extraña política de no informar sobre el número de bajas del enemigo. De hecho, las cadenas parecían ayer determinadas a buscar cualquier acontecimiento que permitiera alejarse del millar de bajas. John Mueller, profesor de ciencia política en la Universidad de Ohio, se mostró convencido de que el listón aceptable está muy por encima de las 1.000 bajas: "Ese número no cambia mucho las cosas". Los historiadores recuerdan que hizo falta una cifra muy superior de muertos para despertar la conciencia de EE UU contra la guerra de Vietnam, que costó 58.000 vidas de soldados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004