Alexandr Dzasójov, el presidente de Osetia del Norte fuertemente criticado por la población, que le exige responsabilidades por la tragedia de Beslán, prometió ayer firmar un decreto por el que cesará en los próximos días al Gobierno y aseguró que él mismo dimitiría más tarde. También dijo que exigirá el cese de todos los representantes del orden público, sin importar su grado, que fueran responsables por permitir que un camión lleno de terroristas armados pudiera llegar a Beslán sin ser detenido.
Dzasójov habló también de responsabilidades entre los altos cargos del ministerio del Interior y los órganos de seguridad locales, que no se subordinan al Gobierno norosetio, sino a sus respectivas instituciones centrales en Moscú.
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El mitin fue organizado ayer por un grupo que se niega a identificarse y se limita a decir que son "osetios" y que no representan a la oposición ni a ningún partido, sino al pueblo que está cansado de soportar la corrupción del Gobierno. Tras varias horas de espera y de que ese grupo entrara en el edificio que sirve de sede tanto a la presidencia como al Gobierno y al Parlamento local y negociara con Dzasójov, éste apareció en el balcón y anunció las medidas que tomará en los próximos días. Le habían precedido largas negociaciones con los delegados de los manifestantes, a cuyas exigencias el presidente en principio accedió.
No está claro cuándo se producirá -si se produce- la principal exigencia de los manifestantes: la dimisión de Dzasójov. Los dos principales organizadores del mitin -uno de los cuales resultó herido de bala en la escuela Número Uno de Berslán- salieron a explicar a sus compañeros,
antes de que el presidente hablara, que éste no podía dimitir de inmediato. "Si se va ahora, vendrán desde Moscú cuatro generales que dividirán nuestra república", explicaban. "Su dimisión inmediata conducirá a la desintegración de Osetia del Norte. Se irá después de que haya un nuevo Gobierno y las cosas comiencen a funcionar de otra manera. Eso será pronto", explicó uno de los organizadores.
Dzasójov respondió desde el balcón a las preguntas de los manifestantes, pero a menudo sus respuestas eran ahogadas por los gritos de "¡Dimisión, dimisión!" Dzasójov aseguró que desde las diez de la mañana del 1 de septiembre había mostrado su disposición a entrar en la escuela para negociar con los terroristas. Las más de 2.000 personas allí presentes simplemente no le creyeron y le gritaron que por qué dejó entrar a un ingush, a Ruslán Áushev, y no tuvo el valor de ir él mismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004