En el distrito de San Blas, donde vivo, algunas veces, dependiendo de los vientos, disfrutamos de unos aromas que, por lo que he leído en alguna ocasión, parecen proceder de la central de Valdemingómez y que afectan regularmente a barrios del sureste y este de la ciudad. Pero en esta ocasión, en la mañana del martes día 7, vientos mediante, he podido apreciar esos familiares aromas en las calles próximas al cruce de María de Molina con Velázquez. En estos días se publican en los medios noticias-informes sobre la mortalidad por contaminación atmosférica. Pues ya hay un foco perfectamente localizado para reducir esa contaminación, que con esos olores tan nauseabundos vaya usted a saber qué componentes tiene.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004