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Reportaje:

Cazados por el radar

Los controles de la Guardia Civil sorprendieron en agosto a 3.400 conductores que circulaban con exceso de velocidad

Los 11 radares de los que dispone la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil de Madrid no se han tomado vacaciones durante el mes de agosto. Un total de 3.422 conductores fueron cazados en los primeros 23 días del mes por los cinemómetros estáticos y dinámicos del instituto armado. Las sanciones por esta infracción pueden oscilar entre 140 y 450 euros más la retirada del carné de conducir.

Los radares de la Guardia Civil están instalados en vehículos camuflados que no llevan ningún distintivo exterior. Tan sólo resultan reconocibles por una llamativa cámara instalada en el salpicadero del vehículo, entre los asientos del conductor y del copiloto. Esa cámara es la encargada de dar fe de que el vehículo captado ha superado el límite de velocidad.

Y eso ha ocurrido durante los primeros días del mes de agosto en 3.422 ocasiones. La Guardia Civil calcula que los infractores suponen aproximadamente el 3,11% de los automovilistas analizados. Ese porcentaje supone una pequeña reducción con respecto al total de España. En el mismo periodo, la Guardia Civil controló la velocidad de 2.274.887 vehículos, de los que 76.470 infringieron el límite de velocidad, es decir, el 3,36%.

Los radares de la Guardia Civil trabajan a lo largo de todo el día en las carreteras y autovías de toda la región, salvo en la capital, cuya competencia recae directamente en la Policía Municipal. Funcionan de dos formas distintas. El vehículo puede ser estacionado en un punto y, de forma estática, controla los vehículos que pasan por allí. Se da sobre todo en vías de servicio, travesías o urbanizaciones, muchas veces a petición de las autoridades locales. La segunda consiste en circular como un turismo más por el carril derecho de la vía y medir a los coches que les rebasan según recorre kilómetros.

La M-40, la vía de servicio de la autovía de A Coruña (A-6) o la de Andalucía (A-4) son puntos habituales de trabajo de estos radares. Las zonas en las que se colocan los vehículos son estudiadas con un mes de antelación por la Jefatura Provincial de Tráfico y los responsables de la Agrupación de la Guardia Civil. Nada se deja al azar o al arbitrio de los respectivos mandos.

La actual normativa de seguridad vial no requiere que los infractores sean parados y les sea notificada la denuncia. Sin embargo, los agentes que trabajan en el radar prefieren hacerlo. "De esta forma el automovilista sabe por qué va a ser sancionado y el punto exacto en el que ha rebasado el límite de velocidad", señala un operador de radar del subsector norte de la Guardia Civil de Madrid.

Los horarios de mayor trabajo varían en función de determinados factores, como la densidad circulatoria, si es festivo o no o si hay alguna operación especial de tráfico. "La gente no se da cuenta del peligro que supone circular rápido. Todos los estudios reflejan que la velocidad es el segundo factor de accidentalidad después de las distracciones", explica otro agente de la Agrupación de Tráfico.

La respuesta de los conductores suele ser, en un 90% de los casos, de enfrentamiento con el guardia civil que les notifica la denuncia. "En algunos casos extremos nos han llegado a insultar y amenazarnos con frases como 'usted no sabe con quién está hablando' o 'yo tengo influencias muy importantes'. Nuestra actitud es siempre la misma y no nos enfrentamos a ellos", comenta otro agente del subsector norte. "Sólo un pequeño porcentaje reconoce que ha hecho algo mal y que nosotros sólo estamos para garantizar su seguridad", añade.

Los vehículos potentes, de conocidas marcas de lujo, como BMW, Mercedes o Audi, son los principales candidatos a ser cazados por los radares. Siempre hay excepciones y las altas velocidades de coches medianos o pequeños también son detectadas y fotografiadas con cierta regularidad. Los paneles luminosos informativos de las carreteras avisan de que la Guardia Civil está actuando por la zona con una simple leyenda: "Velocidad controlada por radar". En un trayecto realizado con EL PAÍS por la M-40 el radar cazó a seis vehículos infractores en menos de una hora. Siempre fueron coches que circulaban por el carril izquierdo a gran velocidad.

Una copa de más

Los controles de alcoholemia, al igual que los del radar, son fijados también con un mes de antelación por la Jefatura Provincial de Tráfico y los mandos de la Guardia Civil. Siempre se intensifican durante las vísperas de festivos y los fines de semana. Zonas de copas y alrededores de discotecas y restaurantes son los lugares favoritos. "Cuando los hacemos, lo racionalizamos un poco y solemos actuar de 1.00 a 5.00 de la madrugada, ya que no tendría sentido hacerlos antes", explica un agente.

El perfil del infractor responde a dos tipos bien diferenciados. Por un lado están los jóvenes de entre 20 y 30 años, que salen de marcha y no dejan aparcado el vehículo tras consumir alcohol. Por otro lado, las personas de entre 40 y 55 años, que salen a cenar y toman alguna copa con sus parejas

o amigos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004

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