Ernesto Mendiola (Sestao, 1936) es uno de los creadores y vicepresidente de Hartu Emanak, una de las escasas asociaciones de mayores cuyo objetivo fundamental es no sólo dejar de ser considerados marginados sociales, sino participar directamente en la toma de decisiones. Actualmente, trabaja en una comisión creada por el Ayuntamiento de Bilbao para conseguir una ciudad más accesible. La asociación celebrará próximamente unas jornadas sobre urbanismo y convocará un concurso de cuentos.
Pregunta. ¿Cómo trabaja una asociación formada por mayores?
Respuesta. Una persona que se retira del mundo del trabajo pasa a ser una persona pasiva. Sin embargo, nosotros decimos que tiene mucho que hacer en esta sociedad. Queremos participar y no sólo en la solución de los problemas de los mayores, sino en el análisis y la acción para mejorar la situación de todos, porque queremos trabajar también con otras generaciones. Me gusta decir que nuestra asociación ya ha diseñado la lancha y la ha tirado al agua. Tenemos la carta de navegación y algunos remeros, pero nos hacen falta más. Tenemos la creencia absoluta de que se irán incorporando.
Sólo del 3 al 4% de las personas mayores dependientes son debidamente atendidos
P. ¿Quieren combatir la idea de que los mayores no valen para nada?
R. Mayor no significa inútil. Hay que valorar la experiencia y el modo de entender la vida que tenemos y eso no se puede perder. Es un acervo que hay que poner al servicio de la sociedad y ésta debe reconocerlo. Está bien tener tiempo para ir al monte y a la playa, pero todavía hay mucho más para trabajar en la sociedad y lograr que la democracia sea participativa; que no nos llamen sólo cada cuatro años para depositar el voto. Somos un colectivo muy grande y la sociedad nos margina porque no estamos en el mercado laboral. Es un lujo que no puede permitirse y hasta inmoral que lo haga.
P. ¿Cuáles son los problemas más graves sin atender?.
R. Detrás de cada persona mayor está encubierta una gran soledad, la creencia de que pintas demasiado en esta sociedad. Además, el gran problema, que tiene que ser el objetivo de una asociación como la nuestra, es el de los mayores que dependen de otros. Sólo del 3 al 4% de los mayores dependientes están siendo atendidas debidamente.
P. ¿Son a veces los propios mayores quienes consideran que ya no tienen nada que hacer?
R. Claro, claro. Nuestra asociación es una novedad. Por eso, nuestro proceso de crecimiento es gradual. No hay que olvidar que a todos nosotros nos han educado en una sociedad dictatorial y por eso estamos con retraso. En otros países, como el Norte de Europa, llevan más adelantado este proceso. No obstante, estamos seguros de que el camino es éste. La sociedad cada vez va a tener un porcentaje más alto de personas mayores que van a ser cada vez más instruidas y, por tanto, van a tener un protagonismo claramente notorio. Nosotros estamos abriendo camino. Hay que mirarlo a largo plazo.
P. ¿Han conseguido el acercamiento de otros mayores?
R. Desde nuestra creación hace dos años hemos pasado el proceso de aprendizaje, aunque siempre existirá, en el que hemos hecho un llamamiento para que los propios mayores sean conscientes de su valor. Así, después se van a encontrar con ganas de no apartarse socialmente.
P. ¿Qué retos tienen para el futuro más próximo?
R. Ya están organizadas unas jornadas sobre urbanismo, porque ¿han alcanzado las ciudades la mayoría de edad? Es decir, cuando crece y se desarrolla una ciudad, ¿a qué intereses atiende? ¿Sólo al productivo o también a las necesidades de las personas mayores? Necesitamos unos espacios de encuentro, que se nos tenga en cuenta. Por ello, hemos empezado a trabajar en una comisión con el Ayuntamiento de Bilbao para estudiar cómo hacer los espacios públicos accesibles.
P. ¿Tienen más planes?
R. Creemos que hay una gran tradición oral en el País Vasco; en muchos casos proviene de los inmigrantes que en otras épocas llegaron a trabajar. Poseen una gran riqueza oral de su folclore y de sus leyendas y entre todos vamos a organizar un concurso de cuentos en euskera y castellano, que va estar abierto a los abuelos y a los niños de Primaria.
P. ¿Van a trabajar con otros colectivos?
R. Nosotros trabajamos para el bien de todos, no sólo de los mayores y en colaboración. Por eso, estamos preparando unas tertulias literarias en las que prime tanto la estructura del texto como el contenido social, de tal forma que sea un examen y una reflexión de nuestra sociedad. Serán tertulias para la acción, un movimiento muy extendido en países como Argentina. En nuestra generación unos participaron en la guerra y otros en la posguerra y hay mucho que contar. La posibilidad de que esa experiencia se traslade a los estudiantes de 12 a 16 años por sus propios protagonistas es muy rica.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004