La realización de cortometajes supone una de las mejores escuelas de cine, el banco de pruebas para todos sus aspectos profesionales antes de dar el salto al rodaje de un largo. Además de las subvenciones directas que concede el Departamento de Cultura (más de 120.000 euros en el presupuesto vigente), desde 1998 los cortometrajes realizados en Euskadi cuentan con la promoción del programa Kimuak, que cada año selecciona un total de seis películas, impulsa su presencia en festivales y elabora un catálogo con las mejores producciones del año.
El trampolín de Kimuak permite que las películas lleguen a los certámenes bien presentadas y subtituladas en varios idiomas, algo que sus productores difícilmente pueden conseguir con sus propios medios. Pero ni las subvenciones ni Kimuak prestan suficiente cobijo a quienes buscan un hueco en el panorama de la producción cinematográfica, no tan desolador como los profesionales lo pintan a menudo, ya que en 2003 se produjeron en España un total de 126 largometrajes, la cifra más alta de la última década.
Cultura ha subvencionado en los dos últimos años la realización de 22 cortometrajes
Los nuevos realizadores se sienten huérfanos y reprochan a la Administración vasca su "escasa sensibilidad" con los cineastas en ciernes. "Kimuak es una buena iniciativa", reconoce Haritz Zubillaga, presidente de la Plataforma de Nuevos Realizadores, que agrupa a cerca de 30 personas que aspiran a dirigir cine. "Los cortometrajes se han movido y han conseguido ser vistos e incluso el reconocimiento de los premios. Es eficaz para conseguir que se distribuyan los cortos, pero nada más", apostilla.
Los cineastas noveles consideran que antes y después de Kimuak se encuentra, simplemente, el vacío. "El País Vasco es un desierto en materia de cine. No existe una escuela de cine y los cortometrajes que se pueden sacar adelante llenan ese hueco; en la práctica, son el sustituto de la escuela. Y tampoco hay un camino por el que seguir si tu primera película funciona", prosigue Zubillaga. "No sólo afecta a los realizadores, sino también al resto de profesionales implicados en una película: todos comienzan y acaban en Kimuak".
Los datos que maneja la asociación de nuevos realizadores avalan ese pesimismo. En ocho años ha quedado reflejado en el catálogo de Kimuak el trabajo de un total de 92 directores, pero sólo dos de ellos han dado el paso al largometraje: Norberto Ramos, con Muertos comunes, y Ramón Barea con Pecata minuta. Ni siquiera los 30 premios acumulados por el corto La primera vez, de Borja Cobeaga, han impulsado la producción de otra película. De los seis realizadores que lograron ser seleccionados para la promoción el pasado año sólo uno reside en el País Vasco. "Se han tenido que buscar la vida fuera, no es una decisión libre. No hay más remedio", dice Zubillaga.
Desde el Gobierno vasco se transmite un claro interés por los nuevos realizadores. "El sector audiovisual tiene un componente cultural que necesita un apoyo", señalan sus portavoces. En los dos últimos años, el Departamento de Cultura ha subvencionado la realización de 22 cortometrajes, diez en el ejercicio de 2002 y el resto, el año pasado. Los productores recibieron, según el proyecto, entre 9.000 y 12.000 euros por filme.
Las subvenciones correspondientes a 2004 se hallan todavía pendientes de distribuir, tarea que corresponde a una comisión en la que están presentes un representante de la Asociación de Guionistas y otro de Euskal Telebista. Otras partidas de inferior cuantía apoyan iniciativas menores para la difusión de cortometrajes, como el circuito de proyecciones en pequeñas localidades, organizado en colaboración con Topaguneak, al que se destinan un total de 12.000 euros anuales.
Los realizadores jóvenes reprochan a la Adminsitración autonómica su falta de un compromiso más decidido con quienes deciden emprender el camino del cine. "No se puede exigir a un cortometrajista que para acceder a las subvenciones acredite su trayectorial empresarial y presente un plan de comercialización y distribución del cortometraje", protesta Haritz Zubillaga.
La plataforma no ha elaborado propuestas concretas para superar su desencanto. Crearon la asociación en el año 1995 y el 80% de los que entonces se encontraban en el grupo ha desaparecido ya del sector. El 20% restante siguen siendo nuevos realizadores porque no han conseguido que su carrera despegue. "Kimuak es el comienzo y el final", se queja el presidente de la plataforma. "Te dan gasolina que no llega ni para la mitad del trayecto y te quedas en medio del desierto".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004