El representante de Greenpeace en Turquía, Ertan Keskinsöy, indicó ayer desde Alejandreta que el MV Ulla, cargado con 2.200 toneladas de cenizas tóxicas, había quedado a 40 metros bajo el mar. Esta profundidad es fácilmente accesible por un buzo experto, pero las autoridades turcas mantienen la prohibición de nadar, pescar o sumergirse a menos de 200 metros del pecio, por lo que los activistas de la ONG no han podido estudiar el estado del barco. "Nosotros tenemos ya a los buzos preparados para bajar, pero no nos dejan", dijo Kerkinsöy. Las autoridades turcas todavía no han informado de si hay alguna fuga. "Nosotros creemos que sí", opinó el ecologista.
También Lafarge Asland, la cementera propietaria del contenido, anunció ayer que enviaba técnicos para inspeccionar el buque y estudiar las posibilidades de extraer la carga para reenviarla a España, como pide el Gobierno turco.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 2004