El atentado de ayer contra la Embajada de Australia en Indonesia calentó el debate político sobre la presencia de tropas australianas en Irak, pese a que no hubo que lamentar víctimas australianas. La campaña electoral para las elecciones generales del próximo 9 de octubre aún no ha arrancado oficialmente, pero hace ya meses que la situación en Irak la ha sacado a las calles. "Ésta no es una nación que se deje intimidar por actos de terrorismo", declaró ayer Howard, en una velada referencia a España y Filipinas, países a los que critica por haberse retirado de Irak.
El Gobierno conservador de John Howard, que espera renovar su mandato, se alineó incondicionalmente con George W. Bush y mantiene hasta el momento 850 militares en ese país árabe. Por el contrario, el líder laborista Mark Latham sostiene que si llega al poder hará que los soldados "regresen a casa por Navidad".
Las últimas encuestas conceden a Latham una pequeña ventaja sobre su rival conservador que aspira a un cuarto mandato en coalición, como ahora, con los partidos Nacional y Liberal.
La Casa Blanca encajó de mala manera la posición del líder laborista y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, la criticó abiertamente durante una visita a Singapur, en junio pasado, lo que fue tachado por los laboristas de "injerencia en los asuntos internos de Australia".
Campaña envenenada
En medios periodísticos australianos se afirma que la actitud de Estados Unidos "ha envenenado" la campaña electoral y ha dañado los lazos históricos entre Washington y Canberra.
Latham tachó el atentado de ayer de "bárbaro y maligno", mientras en las filas conservadoras, al igual que en Estados Unidos, se afirma que la división de posturas con respecto a Irak "facilita" el convertir a Australia en objetivo de atentados como el de Madrid.
Australia nunca ha sufrido un gran atentado en su propio suelo, pero las bombas de Bali, colocadas en una discoteca y un bar frecuentados fundamentalmente por sus ciudadanos y por las que murieron 202 personas, 88 de ellas australianos, pusieron en alerta a todo el país. Howard, que se ha comprometido a mantener tropas en Irak "todo el tiempo que sea necesario", se ha manifestado también dispuesto a facilitar al Ejército de Estados Unidos una base de entrenamiento en el norte del país, con la que reforzar la seguridad de la zona y combatir el terrorismo internacional.
Los cambios operados en el mundo tras los ataques del 11 de septiembre y especialmente tras el ataque de Bali que puso sobre el tapete la realidad geopolítica de Australia -políticamente occidental y geográficamente oriental- ha llevado también al Gobierno de Howard a impulsar el rearme del país y unirse al club de los fabricantes de misiles. El mes pasado lanzó con éxito su primer misil.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de septiembre de 2004