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OPINIÓN DEL LECTOR

Fugas de ancianos

En las residencias de la Comunidad de Madrid, con más frecuencia de la que ustedes creen, se escapan los ancianos. Hace unos días fue mi madre. Enferma de Alzheimer. 87 años.

Simplemente, cogió la puerta y se fue.

Y es que en la residencia Peñuelas (calle de Arganda, 9, Madrid) no hay ni un solo control que impida que personas como ella, que ni siquiera recuerdan que antes de cruzar una calle hay que atender a los semáforos, salgan tranquilamente por la entrada principal.

No voy a extenderme en la pesadilla que supuso para mi familia buscarla toda la noche por Madrid.

Supongo que cualquiera es capaz de imaginar lo que a una hija, a un hijo, a unos nietos puede pasárseles por la cabeza en esa situación.

Sólo destacaré la peor de ellas: que perdiera su pista para siempre, que nunca más supiera qué ha sido de mi madre. Pero, afortunadamente, apareció.

El Samur Social la encontró a varios kilómetros de su residencia, quién sabe cómo logró llegar. Ahora exigimos responsabilidades. Sobre todo porque no es la primera vez que pasa en ese centro. Sólo si trasciende se adoptarán las medidas de seguridad necesarias para que no vuelva a ocurrir.

Nosotros, por nuestra parte, pedimos el traslado de mi madre a otra residencia, no queremos que bajo ningún concepto siga allí. No estaríamos tranquilos.

Al parecer, la directora se jacta de que siempre sale airosa de las denuncias y de que sólo teme una demanda judicial.

Pues bien, desde aquí ya le informo de que pronto tendrá una cita con nosotros en los tribunales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de septiembre de 2004