Larga, pareció interminable, opaca, sin apenas nada de interés la primera de feria. Ni buena ni mala, aunque algo flojeras, la novillada de Capea tuvo en el segundo un novillo de nota alta. Mansito en varas, todos acusaron en distinta medida ese defecto, repartió calidad por los dos pitones. Y humilló una barbaridad. Álvaro Justo, muy empeñado en componer la figura, se preocupó más de la forma que del fondo de su elegante trabajo. Con el último de la tarde repitió guión. Se movió el novillo de Capea y Justo volvió a preocuparse más por la estética.
Ambel Posada no cogió confianza con el insignificante primero, el que más manseó y flojeó de la novillada. Precavido siempre, muy distanciado, nunca se encontró a gusto. Su segundo le atropelló de salida, sin consecuencias. Noble el novillo, aunque sin humillar, permitió a Posada mostrar más confianza, aunque siempre entre visibles dudas.
Capea / Fernándes, Posada, Justo
Novillos de Capea: desiguales de presencia y de juego, además de flojos. Rui Fernándes: palmas. Ambel Posada: división tras dos avisos y silencio. Álvaro Justo: aviso con saludos y vuelta Plaza de Algemesí, 18 de septiembre. Primera de feria. Lleno.
Bueno el de rejones, lo aprovechó Rui Fernández hasta exprimirlo. Ligero, en ocasiones acelerado, abusó del castigo y no anduvo certero al matar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de septiembre de 2004