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COLUMNA

Complejos

Tengo para mí que en Andalucía hay un cierto complejo con respecto a Cataluña. Sin tener título de psicólogo basta ver que cuando habla el Gobierno catalán o se toma cualquier iniciativa en Cataluña, siempre salta alguien en nuestra comunidad pidiendo lo mismo o quejándose. Es un complejo histórico. Eso de que el Gobierno beneficia a Cataluña y perjudica a Andalucía. Ese sentimiento trágico que desde hace años se han preocupado en instalar muchos dirigentes políticos. Ahora se usa contra el Gobierno de la nación, claro. Y contra Chaves, que nunca tiene lo que hay que tener. Da igual que sólo haga unos meses que se ha resuelto el problema de la deuda. Da igual que Andalucía haya contado con AVE diez años antes que cualquier otra comunidad. Da igual que se hayan conseguido las transferencias de las políticas activas de empleo. Ahora todo es "dice Maragall". O peor aún, "Carod Rovira pide ...". Son los nuevos demonios familiares. Una mezcla de andalucismo y de unidad de destino en lo universal. En cambio, cosa curiosa, no parecen existir celos con respecto al País Vasco, que gestiona sus propios impuestos. Cabe pensar qué ocurriría si todo el mundo tuviera los arrestos que se piden. Esto sería el Cáucaso.

La letanía cotidiana tiene que ver con el agua, con Izar, con la cuantía de la deuda pagada y, lo que debe resultar trascendental, la denominación de la comunidad, asunto del que el pueblo andaluz está muy pendiente porque su vida cotidiana se va a ver muy afectada. Se ha montado una variopinta plataforma (otra) de respetables señores con el enérgico nombre de "Andaluces, levantaos", donde sus cuatro dirigentes nos anuncian toda suerte de desgracias si no hacemos lo que ellos proponen. Son dos ex ministros, un ex presidente de la Junta y un ex alcalde de Sevilla. Atentos siempre a lo que se diga en Cataluña y coreando la estrategia de la derecha contra la pregonada debilidad de la Junta, su falta de reivindicación, su docilidad con "Madrid", su seguidismo con Cataluña. Pero, caso curioso, son ellos quienes le tienen puesto un ojo permanente a lo que se dice y hace en Barcelona. En el grupo se echa de menos a Julio Anguita, que también gustaba de la testosterona política, la firmeza, los valores, las dos orillas y el programa. Ya se sabe que los cuartetos también pueden ser de cinco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de septiembre de 2004