Paseaba por Azca fotografiando los edificios de la zona cuando, a unos 50 metros de la torre Picasso, salió un vigilante y me dijo que no se podían hacer fotos por razones de seguridad. Y yo estaba en lugar público en el que, además, no hay la menor advertencia sobre lo manifestado por el vigilante.
Espero que dada la proliferación de medidas supuestamente preventivas que están aplicando en casi todo el mundo, esa prohibición no sea más que una iniciativa de alguien que con exceso de celo trata de imitar a otros. Porque sería más grave pensar otra cosa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de septiembre de 2004