En la edición del pasado lunes leí con suma atención las páginas referentes al mundial de ciclismo celebrado el día 3 de octubre. Y realmente quedé asombrado. El campeón del mundo, Óscar Freire , lejos de presumir de su triunfo afirma: "He ganado gracias a Valverde". Ante la comparación que le efectúa un periodista con Alfredo Binda, Rik Van Steenbergen y el gran Eddy Merckx , ganadores como él de tres maillots arco iris afirma: "Pero no hay comparación posible. Ellos acumularon un palmarés mucho mayor que el mío". Por su parte el subcampeón Erik Zabel afirma : "Es un honor quedar segundo detrás de un ciclista tan grande".
Desde hace años soy aficionado al ciclismo. He asistido a numerosas ediciones de la escalada a Montjuïc en Barcelona. Nunca he visto ni oído insultar o abuchear a los rivales de los nuestros. Tímidos aplausos. Cuando llegaban los de casa, aclamaciones, o en el caso de los más admirados, una ovación atronadora. Todo ello muy lejos de la actitud ante el rival de la mayoría de los deportes. Y volviendo a Óscar Freire, ¡chapeau! En la sencillez está la grandeza.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de octubre de 2004