Al cineasta Daniel Calparsoro (San Sebastián, 1968) no le gustan las lujosas urbanizaciones de la periferia. Es más, le producen terror. Piensa que un lugar en apariencia tan idílico es irreal y no puede encerrar nada bueno. Por eso, el director de Guerreros (2002) ha situado en este escenario su nueva película, Ausentes. La cinta, sexta de su filmografía, se estrenará a mediados de 2005 y se ha terminado de rodar esta semana en Madrid. Ariadna Gil y Jordi Mollá, que interpretaron a una pareja en Segunda piel, de Gerardo Vera, vuelven a serlo en Ausentes.
Calparsoro ha escrito el guión con Elio Quiroga y Ray Loriga. Ésta es la tercera ocasión en la que el novelista escribe un guión tras La pistola de mi hermano, que también dirigió, y El 7º día, de Carlos Saura. El resultado convence al director: "Es muy cómodo trabajar con Ray. Ayuda muy bien a estructurar una historia. Yo tengo tendencia a la confusión y él ha servido de dique".
Ariadna Gil está agotada físicamente y en estado de shock. Lleva tres semanas corriendo, cerrando puertas, soportando escenas de gran tensión. Pero está muy contenta. Nunca antes había tenido un papel tan protagonista y son pocas las escenas en las que no aparece. Ella es Julia, una ejecutiva que pierde su trabajo y con él las perspectivas de futuro. Con su compañero Samuel (Mollá) y los hijos de éste (Luis Muñoz e Ignacio Pérez) se muda en verano a un chalé. Desde el principio ella se siente incómoda. "Se produce la destrucción de una familia. Algo bastante común. No hay nadie más y se enfrentan a lo que no les gusta. A su padre, a su marido, a su hijo, a su hermano...", cuenta el autor de Salto al vacío, Pasajes, A ciegas y Asfalto. "La familia se ve afectada por el vacío de la urbanización y poco a poco ésta les va abduciendo y va cobrando personalidad. Lo que comienza siendo un viaje feliz termina convirtiéndose en una pesadilla", prosigue el director. Eligió a Gil "porque nos daba ese rollo de vulnerabilidad y a la vez frialdad que buscábamos" y a Mollá "porque maneja muy bien la ambigüedad, hace que cualquier cosa imaginada parezca real".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 2004