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Crítica:CRÍTICA

Cine alucinógeno

Las películas con la droga como eje pueden centrar su discurso en cómo afecta a la existencia del protagonista, o basar su propuesta en el hecho mismo de la intoxicación, introduciendo al espectador en la paranoia que rodea al toxicómano. El cine como auténtico chute de adrenalina. Son los casos del acuático paseo por las cloacas de Ewan McGregor en Trainspotting; de la moqueta asesina a la que se le desdoblan los dibujos en Miedo y asco en Las Vegas, o del aterrador frigorífico que mantiene anclada en el desvarío a la madre de Réquiem por un sueño. A este grupo pertenece la formalista Spun, irregular debut del realizador de videoclips Jonas Akerlund.

La película es una desenfrenada carrera hacia ninguna parte de un grupo de drogadictos. El fantástico montaje y las numerosas virtudes que muestra Akerlund conducen a un anfetamínico paseo por la desolación, que provoca en sus personajes (y en el espectador) un inevitable estado de nervios. Sin embargo, el director acarrea con un hueco guión que abandona a sus enfermos en la intemperie del vacío.

SPUN

Dirección: Jonas Akerlund. Intérpretes: Jason Schwartzman, Mena Suvari, Britttany Murphy. Género: comedia. EE UU, 2002. Duración: 101 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 2004