Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:XIII BIENAL DE FLAMENCO

Ceremonias lorquianas

Diez ceremonias compendian esta versión del Romancero lorquiano, en un ritual lleno de simbolismo. El propio Federico está en escena, iluminado unas veces, en trance siempre y escribiendo constantemente. Y en torno a él se desarrollan todas esas ceremonias testimoniales. Tres cantaores hacen el relato, que lamentablemente nos perdimos en gran parte porque no se les entendía bien.

La obra resultó excesivamente larga. Los bailes fueron todos en extremo prolongados, hasta el punto de que nunca se veía el final de ellos. Fue un repetir y repetir de recursos intencionadamente, como si en esas repeticiones se condensara la almendra de lo que estaba ocurriendo. Bailes serios, dramáticos, bien bailados. Sobre todo los de ellos, pese a su machaconería. El de Antoñito el Camborio, ya hacia el final, fue realmente excesivo. Todos lo fueron, en una obra en que el baile era decisivo. Pareciera como si Paco Suárez, creador de esta obra ceremonial, hubiera querido expresar con el baile todo lo que los personajes llevaban dentro. Posiblemente fuera así.

El romancero gitano

Florencio Campo, Claudia Faci, Daniel Doña, Inge Martín, Kelián Martínez, David Paniagua, Marcos Flores, Alegría Suárez, José Maya. Teatro Lope de Vega, Sevilla, 7 de octubre.

Luego está la Luna, en otro plano de interpretación. Siempre distante, fría. Es un personaje omnipresente, y sin embargo ambiguo, que marca caminos a los otros. Apenas está, pero su presencia lo domina todo de manera exhaustiva. Es un personaje de referencia, en una obra que puede pesar en ocasiones, pero que tiene otras virtudes destacables.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 2004