De la lectura de dos obras de Robert Graves, José Luis Alonso de Santos ha extraído su particular versión teatral de Yo, Claudio. José Carlos Plaza se encarga de la dirección y Héctor Alterio (Buenos Aires, 1929) presta cuerpo y voz al emperador romano a la hora de revisar su existencia.
Pregunta. La obra muestra corrupción y deseo de poder. ¿Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia?
Respuesta. No, qué va. Desgraciadamente, tiene una vigencia absoluta y terrible. Si hace 2.000 años se hablaba de corrupción, enquistamiento en el poder, xenofobia, intolerancia, de eliminar a alguien porque no piensa como uno o porque molesta, todo eso se lo pueden ligar hoy mirando a cualquier sitio. La ciencia y la tecnología han dado pasos de gigante, pero todavía el hombre tiene que mejorar en muchas cosas.
P. El peso de la obra recae en sus espaldas. ¿Cómo lo lleva?
R. Bien, me exige un ejercicio de concentración nada corriente, pero estoy muy bien arropado. En el elenco hay mucha gente joven, con energía, responsabilidad, seriedad, entusiasmo y un gran deseo de hacer las cosas bien. Me hace recordar cuando yo tenía la edad de ellos y empezaba en el teatro. Los viejos siempre buscan parejas jóvenes, y yo busco compañeros y compañeras que me hagan sentir joven.
P. Dicen que es una obra política y filosófica, pero divertida. ¿Cómo casa?
R. Es una oferta dialéctica, vigente y con alusiones a la política, pero para mayor entretenimiento con mucho humor, lo que hace que se digiera mejor.
P. ¿Por qué ha pasado ocho años alejado de los escenarios?
R. Por la oferta y la demanda, no porque lo haya elegido así. El teatro me gusta más que el cine y la televisión, pero no hubo una oferta que me movilizara.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de octubre de 2004